jueves, diciembre 20

¡MATARON A JORGE!

Amanece.

Abre escena en una calle, gente pasando sin ver a la cámara; algunos conversando, otros mirando fijamente hacia el frente, otros cabizbajos, un par de personas cruzando la calle.

Distintas tomas de calles y avenidas, cruces, un indigente sentado en la acera recostado en la pared pide limosna, otro duerme tranquilamente la borrachera sin importar el sol ni el ruido.

Se escuchan voces mientras transcurren las imágenes, en el fondo empiezan a sonar los acordes de miedo de introácido.

Voz masculina 1: ¿Supiste que mataron a Jorge?

Voz femenina 1: ¿A quién?

Voz masculina 1: A Jorge, el de la librería, estaba en el local cuando llegaron y le dispararon.

Voz femenina 1: ¿Al de la catorce avenida? Sí, fui un par de veces allí.

Voz masculina 1: Aquel era mi cuate, no sé qué onda, dicen que fue un asalto y él se opuso.

Voz femenina 1: Ve que desgraciados, ya no se puede vivir en paz.

Sube el volumen de la música, escenas de mañana, congestionamiento de tráfico, buses bocinando y acelerando estruendosamente los motores, gente entrando a sus trabajos, unos corriendo, otros con sueño, otros simplemente en fila como autómatas, empieza la rutina diaria.

Close-ups de pasajeros de buses urbanos sentados en los asientos del bus, viendo al exterior con la mirada perdida, vacía, algunos cabeceando recostada la cabeza en el vidrio, estudiantes uniformados sosteniendo sus mochilas, ancianos recordando viejos tiempos en los que ellos le cedían lugar a sus ancianos, jóvenes incómodos por los ancianos haciéndoles estorbo, una masa heterogénea.

Voz masculina 2: Vos qué onda, ¿Qué pasó con el chavo de la librería?

Voz masculina 3: Se lo echaron anoche, yo oí los balazos.

Voz masculina 2: ¿Cuántos fueron pues?

Voz masculina 3: Como siete, creo que le descargó toda la tolva.

Voz masculina 2: Dicen que fue Charol, ¿Será cierto?

Voz masculina 3: Así dicen, que fue Charol.

Voz masculina 2: Pero para que haya sido Charol en algo andaba metido este Jorge, ¿No será que le debía algo?

Voz masculina 3: ¿Y para saber? Si querés andá preguntale y me venís a contar.

Voz masculina 2: Ajá, primero que lo encuentre y después que regrese vivo,
Estás bien loco. (pausa, siguen las escenas de autos y gente por la calle.) Vos, ¿Será cierto lo que dicen de Charol, que tiene pacto con el diablo?

Voz masculina 3: Así dicen, que de la nada se te aparece, ahora es el que le cobra el impuesto de territorio a toda la gente que tiene negocios, y si no les pagan los mata. Dicen que es uno de los meros jefes de toda la mara. También dicen que controla a la gente que medio tiene algo de valor; primero les dice que le den una cuota diaria, si se niegan se te mete a la casa y cuando sentís se te aparece allí dentro y ni cuenta de das de cómo se metió. Como si atravesara paredes.

Voz masculina 2: ¡Já! Ya voy a creer esas babosadas, lo cierto es que sí sé que es matón, todos lo saben pero también todos le tienen miedo. Anda en una moto grande. Dicen que cuando lo miran en la moto que va para algún lado al rato suenan los balazos a lo lejos y después pasa ya de regreso del mandado.

Voz masculina 3: Mirá, a Charol yo lo conocí pequeño, le decíamos charolito porque el papá era el charol grande, negro trompudo. Era mecánico y se la pasaba todo el día trabajando pero era muy buena gente y no ganaba mucho. Como a los quince empezó a andar con unos sus amigos y tenían su grupo, al principio solo era para tomarse las cervezas, luego empezaron a fumar monte y a hacer escándalos. Yo no me juntaba con ellos porque me reventaban a cinchazos en la casa. Después empezaron a fumar piedra y ya se volvieron ladrones. Un día llegó Charol a mi casa a tocarme la puerta para pedirme dinero, acababa de salir de la cárcel, pero sabía que si le daba dinero se lo iba a fumar, estuvo va de rogarme hasta que le saqué algo para que comiera… desde entonces no le hablo.

Suena el caminante con Introácido.

Medio día, hora de almuerzo, comedores del mercado central, señoras de generosas proporciones y delantales vaporosos atienden a los comensales, los típicos caldos servidos en platos de vidrio humean rebosando elotes, Güicoy, patas de pollo, de gallina, de res; un respiro para el ajetreo mañanero. Congestión de tráfico del mediodía. Gente que se sube a los buses para vender baratijas poseedoras de cualidades excepcionales. En las calles se venden trapos, películas, revistas, adornos, música estridente, medicinas infalibles para cualquier enfermedad, cigarros, chicles, celulares, accesorios para celulares, celulares robados.

Voz masculina 3: Ahora que me acuerdo una vez me habló, yo iba por la calle pero tal vez estaba muy concentrado que ni lo escuché cuando se me pegó, allí sí que de la nada se me apareció. Me saludó y me preguntó si le podía ayudar con unos trámites para pasar a su nombre un carro; yo rapidito me imaginé que era robado y le dije que no de la forma más suave que pude. Después pensé que tal vez podría obligarme a hacerle el favor o molestarse conmigo porque no se lo hice, pero no, solo me dijo “está bueno, te cuidas” y se fue, luego ni me di cuenta para dónde agarró, tal vez en mi despiste no me fijé, cuando volví a ver ya se había ido. Lo que sí te puedo decir es que me asustó un poco, tenía los ojos vidriosos, la boca entreabierta, seca, me miraba fijamente y hablaba de forma pausada, casi pensé que me iba a extorsionar.

Voz masculina 4: Tal vez todo eso de que se te aparece y tiene pacto con el cachudo es porque ya debe tantas que la gente lo va haciendo leyenda, le están dando más importancia de la que tiene, pero una cosa te digo que si yo lo miro por la calle mejor agarro por otro lado. Si me saluda ni modo, lo saludo, pero me voy por otro lado.

Voz masculina 3: Y no es tonto fijate, no se viste como pandillero, no tiene tatuajes, si no es porque todo mundo sabe lo que hace nadie sabría que es matón.

Media tarde, la gente empieza a salir de sus trabajos, unos contentos, otros cansados, muchos a lidiar con el tráfico de la tarde, señoras en las esquinas venden tortillas con chicharrón, otras venden plátanos fritos, en algunas esquinas salen otras mujeres a vender su cuerpo por unos quetzales. Todos miran a su alrededor con cierto recelo, nunca se sabe dónde será el próximo asalto, quién será noticia-chisme la mañana siguiente.

Voz femenina 2: ¿Entonces era narco?

Voz femenina 3: De plano, para que lo hayan matado así a sangre fría, dicen que llegaron con un rifle y le descargaron toda la tolva. Dicen que fue un ajuste de cuentas

Voz femenina 2: O sea que la librería era para lavar el dinero nada más, ve qué de al pelo.

Voz femenina 3: Ya ni sabe uno quiénes son sus vecinos.

Voz femenina 2: Y tan tranquilo que se miraba, pero si andaba en tratos con el tal Charol entonces de seguro que sí.

Muchos salen conversando lo acontecido ese día o el día anterior, toda la ciudad es un gran sistema informativo donde las noticias son camaleones que cambian de color y de forma con velocidad exponencial según sean contadas. Al final las historias caminan y cobran vida propia.

Mientras, en un dormitorio, una mujer con rostro de virgen morena tiene los ojos secos de tanto llorar.

miércoles, diciembre 19

Carta sin enviar

Hola

Quiero que sepan que todo está bien, que las cosas caminan excelente y que todo marcha sobre ruedas.

¿El trabajo? perfecto, todo el día la misma monotonía, la misma lucha para que al llegar la noche se sienta el mismo vacío por arar en el mar; confrontaciones, envidias, celos y el canibalismo de pasar uno sobre otro sin importar las consecuencias y dejar los cadáveres en el camino son cotidianos.

¿El amor? excelente; todos buscando relaciones efímeras y pasajeras, todos idiotizados por los medios viendo figuras perfectas, rostros angelicales y cuerpos de escultura para luego decepcionarse de lo que ven a su alrededor; todos desean a alguien, y una vez que lo encuentran lo aprovechan por un tiempo para luego lanzarse a la próxima conquista. Todos se están haciendo viejos con alma de adolescentes.

¿La salud? ¡magnífica! Estoy gordo de comer comida chatarra que me llena pero no me satisface y cada vez quiero más. Si trabajo demasiado tengo que comer algo rápido y si descanso quiero comer de todo. Estoy harto de comer animales muertos y podridos (tal vez si fuesen animales muertos y frescos... pero no, da igual, todo se pudre).

¿La vida? genial; paso las noches en la esquina del piso de mi cuarto pensando y de tanto pensar siento el cerebro carcomido, cavernoso, ya no quiero nada, ya no siento nada. Este era el sueño de mi vida y se ha convertido en pesadilla, pero estoy subido en un barco del que ya no me puedo bajar aunque me tire por la borda.

En resumen, todo esta bien, los quiero, adios.

viernes, diciembre 7

soy-fui

Hoy me cubro con un manto que sólo yo conozco, salgo de noche y vuelo. Probablemente me han visto pero no saben mi procedencia. Soy el que informa, el que vigila, hace poco solamente era humano.

El proceso es sencillo, lo principal es la visualización, sentirse el objetivo; ser el objetivo; actuar como tal. Hace mucho lo practico y ahora es automático, solo tengo que desear para saberlo.

Al principio fue difícil, alguien fumó en mis oídos en algún sueño la instrucción. Un ritual, si se quiere, la primera noche salieron garras.

Tal vez querían que siguiera la tradición ancestral de los nahuales, huellas impresas en la tierra el día siguiente a mi nacer. Tal vez es un pretexto nada mas.

La cuarta noche, plumas.

Ahora vuelo cuando quiero, soy el ave de agüero, cuando uno ve con otros ojos ve más claro. Las aves no pecan, los nahuales no son buenos ni malos, simplemente se rinden a nuestras órdenes. El universo no conoce del bien ni mal, todo es relativo.

Ahora vuelo, de noche como reptiles y roedores, observo, aspiro intimidades y en mis oidos resuenan los secretos que contados en la noche son más claros. Conozco a mis enemigos.

Soy los ojos que observan en la oscuridad.

(El marchante de la noche alzó la vista y las alas de la lechuza se abrieron ante él. Este, más astuto, lanzó un ensalmo y el ave cayó al suelo abatida. Mañana será rapiña).

sábado, diciembre 1

Monólogo en Manifestarte

Persentación de Nadaeditores en festival Manifestarte en el Cerrito del Carmen,

lunes, noviembre 5

En un futuro violento

(Profecía para megáfono)

Hace muchos siglos empezó el caos. Treinta y siete mil millones de personas fueron suficientes. Todos tenían hambre, todos tenían sed, todos querían un hogar.

Hacía mucoh tiempo dejaron de existir los gobiernos. Primero fueron las pandillas diseminadas por todo el planeta. Las pandillas se volvieron clanes. Cada quien defendiendo su territorio, cada quien queriendo ampliarlo; cada quien queriendo conquistar al vecino.

Los indiferentes se hartaron de serlo. Se aburrieron de ser víctimas. Se cansaron de ser de uno u otro bando y quisieron ser libres. No se organizaron. Aquello fue la anarquía. Murió el arte, murió la ciencia, sólo quedó el instinto.

Entonces empezó el baño de sangre...

No hubo bandos, ni favor ni contra. En aras de la individualidad, la comuniad fue asesinada. Salieron con sus armas a la calle a matarlos a todos. Querían espacio, oxígeno, libertad. Y para su propia libertad debían liberar a todos los demás de este valle de lágrimas.

Y así fu etodo un valle de lágrimas y de muerte, caos y anarquía. La autoridad dejó de existir hace mucho tiempo. Cualquier persona armada era la autoridad y las calles se tiñeron de sangre.

Los cadáveres se apilaron en montañas. La tierra no fue suficiente así que los echaron al mar. El mar, infectado, asesinó a millones. Se acabó el agua y el alimento, así empezó el canibalismo. Algo en la oscura conciencia colectiva mató al escrúpulo.

Sobrevivieron unos cuantos...

Luego la naturaleza siguió su curso. El polvo volvió al polvo. La selección natural dejó a los más aptos (¿Los más fuertes? ¿Los más listos?) Apenas los suficientes para volver a poblar una tierra destruida.

Esto no es una advertencia, es el curso natural de las cosas. La muerte no es humana pero es natural y todos saben que el humano no gobierna la naturaleza. Cada nuevo principio viene del final de un principio anterior.

Así que seguiremos el ciclo hasta que venga el asteroide y nos desaparezca a todos por completo.

viernes, agosto 10

UN REZO PARA LA LUNA

Un sueño púrpura
me atrae hacia ti
me lleva a tu seno,
susurra a mi oído
me cuenta historias
que nunca serán

¿Habitas la tierra?

No, soy la madre
Tranquila y serena
tus sueños, soy humo
soy ave capaz
de salir de este mundo

¿Me vas a llevar?

Un día tal vez
por hoy descansa
solo he venido a verte
como siempre
como siempre

Entonces, ¿qué quieres?

Un poco de tu alma
para recordar
que existo, que soy
tu aliento no más
respira profundo
con eso me voy

(Pintura: Laura Penados)

sábado, julio 28

CUATRO CAMINOS


Era un cruce cualquiera, es decir, cualquiera para las personas comunes y corrientes, pero para Charol era un cruce de cuatro caminos muy importante. Esa noche podría al fin develar el misterio.

Todo empezó nueve lunas antes… bueno, nueve y media para ser exactos, la noche en la cantina del pueblo donde los miembros de la mara tomaban y se dedicaban a burlarse de don Dámaso; uno de los viejos vagos que ahogaba sus últimos años en aguardiente barato. El viejito se sentía de cierta forma en familia con los jóvenes que lo animaban a contar sus historias. Ellos se reían de sus ocurrencias, pero Charol le ponía un poco más de atención.

- ¡Miren pues, muchá! - Decía animado por el alcohol. – Hay formas de hacerse de plata, formas de hacer pisto, pero ustedes son bien brutos para entender.
- No hombre, cuéntenos – lo aupaban.
- Miren pues, pero no se vayan a burlar.
- No si ya le dijimos, queremos saber – reían todos.
- Miren pue… - respiraba profundo pensando sus palabras, desenmarañando recuerdos de algo borroso que no sabía si lo había vivido o lo había inventado

Todos quedaron callados

- Tienen que pintar al diablo – dijo.
- Todos irrumpieron en risas.
- ¡Les dije que no se rieran! - Decía el viejo entre serio y contagiado de risa – tienen que hacer un dibujo del diablo, así grande en la pared de su casa, si quieren pueden ponerlo medio escondido para que no lo mire nadie más.
- ¿Y usted ya lo hizo? Le preguntó el Happy, un miembro de la mara alto y corpulento.
- Huy no, Dios me guarde ¡Jajay! yo les digo para que lo hagan ustedes si se animan.

Y vuelta a la risa

- Viejo maricón, anda diciendo las cosas y no las hace
- Pues no te voy a decir lo que he hecho, pero ahí vean ustedes.
- Va, pintamos al chamuco y de allí qué.
- Tienen que llegar todas las noches y echarle agua y hablarle, ¡Pero bravos! “¡Dame dinero vos o te voy a seguir echando agua, vos que vivís entre el fuego, dame pisto y te dejo de joder! Tienen que gritarle así duro para que entienda, ahí van a ver que les va a dar plata.
- Si y yo me chupo el dedo.
- ¡Coman mierda pues!

Nueve lunas y media habían pasado después de esa noche, nueve lunas y media desde que todos dejaron al viejo loco hablando solo se le acercó a Charol.

- A vos te voy a dar un secreto también. Porque me invitaste este octavito.
Según recuerda Charol ese octavo le valió el secreto. Total, no tenía nada que perder.

¿Por qué le decían Charol? Parece obvio ¿No? Bueno, era moreno oscuro, aunque no pareciera negro de raza, tenía rasgos de blanco pero color negro, desde que tenía uso de memoria recordaba que le decían Charolito, nunca le molestó así que ya era como su nombre de pila.

Esa noche era negra también, era luna nueva así que las estrellas regalaban un espectáculo increíblemente hermoso. Era el lienzo magnífico de un pintor celestial con chispazos de estrellas fugaces, Charol vio al cielo un momento y pensó todo lo que se perdía la gente en las ciudades con el alumbrado público, aquello era realmente majestuoso.

- Tenés que agarrar un gato negro – dijo el viejo bocón-. ¿Qué por qué un gato negro? ¿Por qué vos sos negro? Qué te importa, así tiene que ser, un gato negro porque tiene que ser negro y ya.

Tomó, pues, un gato negro.

- Tenés que buscar un cruce de cuatro caminos. Claro que tiene que ser algún cruce donde no pase mucha gente, si no te miran y se te sala la cuestión. Tiene que ser en luna nueva.

Charol se abstuvo de preguntar por qué en luna nueva, las cosas son como son y punto.

El chiste del diablo pintado en la pared se le hacía de mal gusto, pero entre otras cosas el viejo tenía algunos momentos de aparente lucidez. En algún momento le habló de Maximón (también conocido como San Simón, un “falso santo” venerado en algunos municipios de los departamentos de Sololá y Chimaltenango, pero eso es otro cuento…).

Hubo que preparar un fogón, con ciertas hierbas que don Dámaso le diría a Charol: “Ramas de taray, cola de caballo y uña de gato, no de los animales, sino de las plantas. También no se si has visto una planta que crece en las orillas de algunos arriates, la fruta es espinosa y adentro están las semillas, le dicen vuelveteloco. Agarrá unos cuantos de esos pero cuidado te picás que allí mismo vas a averiguar porqué le dicen así.”

Tomar al gato, meterlo en la olla y cocerlo en seco hasta que quedara en le puro hueso era la parte difícil. Primero mantener al gato adentro de la olla y taparla bien, ponerle un par de ladrillos o piedras pesadas encima para que no escapara. Soportar los gritos de desesperación del animal; al principio era un siseo de desesperación y furia, escuchó las uñas rascando el metal hasta el cansancio. Luego unos gritos desesperantes, guturales, casi humanos que erizaban el pelo y helaban la sangre. Hasta llegar a los últimos estertores que se confundían con la piel reventando en ampollas hirvientes.

Luego nada.

Después de la muerte del animal soportar el olor a quemado. Además ¿cuánto tiempo? Para eso tenía que destapar la nauseabunda olla y observar los restos.

Luego enterrar los restos con todo y olla y esperar nueve lunas.

- ¿Qué vas a hacer si funciona? Dijo el viejo
- Ahh por ahí tengo algunos planes
- ¡Verdad que sos un pícaro! En alguna patoja andás pensando
- Usted es el pícaro – respondió Charol un poco molesto, no quería que el viejo lo tuviese en tan baja estima. Yo sé lo que voy a hacer.
- Va, ta bueno, ahí ve vos.

Había llegado el momento de desenterrar la olla. Charol no sabía exactamente qué esperar. Había dejado una señal – una corta varilla de hierro enterrada hasta que solo quedara la punta sobresaliendo a medio centímetro de la superficie. Lo suficientemente disimulada para que nadie la tomara en cuenta. Le costó un poco encontrarla pero al hacerlo el resto fue fácil. Rascó despacio con la pala hasta tocar la tapa de la olla.

Eran las dos de la mañana, Charol se alumbraba con una lámpara de gas. Sacó el otro instrumento que lo acompañaba en su bolsa y lo colocó frente a él. Las palabras del viejo hicieron eco en su cabeza: “Sacá los huesos y ponelos en un trapo, tené listo otro pañuelo para poner los que ya hayás probado. Acordate que solo un hueso te va a servir”.

A pesar que habían pasado nueve meses, la putrefacción había hecho efecto y los huesos estaban sueltos, todavía quedaba algo del olor nauseabundo a muerto, a gusanos. Charol no pudo evitar llevar un trapo extra para limpiar los huesos mientras los probaba.

“Tenés que probar los huesos, uno por uno, ponételos entre el colmillo y la primera muela del arriba a la izquierda; sostenelos allí y detenelos con la lengua. Tenés que hacer esto hasta que encontrés el hueso bueno”.

Por un momento dudó… pensó “Esto es ridículo, yo no creo en estas cosas, y el viejo loco ¿Por qué no lo hizo él mismo? De haberle resultado sería millonario y no tendría necesidad de estar mendigando guaro. Pero ni modo, ya estoy aquí y no tengo nada que perder”.

En realidad Charol no tenía mucho que perder. Lo habían echado de su casa hacía un par de años, después que su familia se hartó de sacarlo de la cárcel y aguantar sus borracheras, delirios narcóticos, escándalos en vía pública y acusaciones de vecinos y amigos. Ahora vivía acompañado de sus compañeros de pandilla en una casa en un asentamiento humano, con paredes hechas con corteza de árbol y techo de lámina. Su vida pasaba entre asaltos con arma blanca, cerveza, cárcel y luchas con la pandilla contraria. Las visitas al centro preventivo ya eran rutina, era conocido de los policías que lo dejaban ir cuando sus compañeros le pagaban la fianza con dinero robado. Nunca había parte acusadora pues todos sabían que quien acusaba podría ser víctima de terribles represalias.

Así que Charol no tenía nada que perder.

Sin embargo, no sabía que los gatos tienen doscientos treinta y tres huesos, la mayoría en la cola. Empezó la rutina; tomó uno, lo limpió y se lo puso entre colmillo y premolar. No pasó nada, puso el hueso en el pañuelo vacío, tomó otro hueso para repetir el proceso. Nada, luego otro hueso, nada.

El mismo proceso se repitió ciento setenta y dos veces.

Mientras, Charol pensaba en las posibilidades; ¿Sería cierto? Y si lo fuese ¿Qué haría? Se le ocurrían muchas cosas. Primero hacerse de mucho dinero, tal vez deshacerse de una o dos personas que conocía. No dejaba detrás el caso de encontrar alguna muchacha bonita y averiguar todos sus secretos. Todo sin ser notado. Algo le sacudía el cerebro, como un mareo, el candil subía y bajaba su llama haciendo su sombra fantasmagórica en medio del cruce de los cuatro caminos. Como una rara casualidad del destino no pasaba nadie. O tal vez se había transportado a otra dimensión donde solo existía él, el cruce, el cadáver felino y la mortecina luz. Tal vez un poco de locura, producto de la espera y de las noches de ansiedad e insomnio esperando el momento.

Al llegar al número ciento setenta y tres sucedió algo que le hizo sentir la sangre en el corazón, luego oleadas de calor irradiaron desde su pecho hacia el resto de su cuerpo, se sentía lívido, blando, no podía creer lo que veían sus ojos, observando el último instrumento frente a él – un espejo-.

O mejor dicho, no podía creer lo que no veían sus ojos.

Charol era ahora invisible, lo que le había dicho el viejo loco nueve meses antes era cierto. El desvelo, el esfuerzo y la espera habían valido la pena. El espejo frente a él solamente reflejaba el cielo estrellado.

Charol separó el hueso de entre sus dientes y el efecto se perdió. Nuevamente apareció su imagen frente a él.

Ahora estaba todo listo. No tenía nada más que hacer. Tomó la olla, el resto de huesos, los pañuelos y los tiró a un lado del camino entre la maleza. Se colocó el hueso nuevamente y se alejó del cruce. Ahora la noche sólo escuchaba sus pasos.





lunes, julio 23

La Tercera Luna


100_1042
Cargado originalmente por mtportillos

La Tercera Luna


100_1034
Cargado originalmente por mtportillos

La Tercera Luna


100_1032
Cargado originalmente por mtportillos
Presentación en la zona 10, hubo un par de problemas, no pudimos usar audio pero al fin lo sacamos adelante

jueves, julio 19

Los amigos y Los Perros

Héctor y Antonio caminaban por la vereda conversando sobre cualquier cosa sin importancia. Cuando a un lado del camino observaron una jauría de perros, la perra estaba trabada con un macho grande aunque lleno de cicatrices. Otros perros trataban de montar a la hembra sin ningún éxito, puesto que el macho campeón ya tenía el lugar ocupado.

Esto trajo a los dos jóvenes a la siguiente conversación:

- ¿Te das cuenta? - Dijo Antonio - ¿que una vez cumplido su cometido, ninguno de los dos perros que están pegados tratan de defenderse? Si estuvieran cada cual por su lado no tardarían en defenderse a mordidas de los demás.

- Me imagino que es porque para ellos éste debe ser el momento cumbre de su vida. Multiplicarse y hacerse muchos... además deben estar disfrutándolo a lo grande, tanto que no les importa qué ocurra a su alrededor - Contestó Héctor.

- Eso quiere decir que son vulnerables - dijo Antonio.

- Sí, puede ser - fue la réplica de Héctor después de una pequeña pausa.

- Entonces - Dijo Antonio, ahorita mismo podríamos hacer con éstos animales lo que se nos ocurra, torturarlos, golpearlos, hasta podría matarlos y morirían felices.

Héctor vio un brillo sádico en los ojos de Antonio y se sintió incómodo.

Antonio por su parte proyectaba en su mente imágenes de los dos animales torturados y muertos mientras compartían la última expresión de placer animal.

viernes, julio 6

UNA TARDE TOMABA UN CAFE

Tomaba un café digo como quien no quiere la cosa (sí, ya se que es un cliché, también podría haber dicho que fumaba un cigarrillo y aspiraba el humo relajante mientras mi exhalación se envolvía en torbellinos ascendentes, pero no me gusta el tabaco y detesto el humo así que pondré mi gusto que es el café).
¿En qué estaba? Ah sí, tomaba un café como quien no quiere la cosa. Ya me había acostumbrado al ruido de los alrededores. De alguna forma acertaba casi siempre a sentarme en el mismo lugar para observar el mundo y sus alrededores; o por lo menos los alrededores del mundo que podría ver en mi campo de vista limitado por paredes y ventanas. Y disfrutaba el secreto placer de imaginarme en lugares diferentes y extraños al mismo tiempo que disfrutaba el café.
O tal vez era solo el exceso de cafeína el que me producía tal emoción.
Tomaba un americano, americano no por gringo sino porque según la historia los amargos europeos tomaban el café sin azúcar –amargo- y no fue hasta cuando vinieron a la dulce América y les enseñaron la bebida a los indígenas americanos que a ellos se les ocurrió endulzar la amarga bebida arábiga con azúcar… pero ya estoy divagando otra vez, perdonen mi manía por la divagación, mi mente se escapa a otros lugares diferentes y extraños… o tal vez sea el exceso de café.
Podría haber sido un día cualquiera, una tarde cualquiera y esa tarde cualquiera acertó a pasar frente a mí ella. La vi entrar por la puerta, afortunadamente mi puesto en el café me ponía en un ángulo tal que tenía completa libertad de verla mientras ella no me podría ver a mí.
Y luego empecé a divagar de nuevo, me vino un flashback de hace quince años más o menos, cuando la veía pasar cerca de mi casa y me sonreía, yo me quedaba parado como un estúpido y una sonrisa estúpida balbuceando un “hola” mientras mi mente incrédula no asimilaba la idea de que una mujer como ella me saludara.
No me pondré a ponderar acerca de su cabello, su piel, su rostro, sus labios, su andar decidido o su mirada pícara. No diré que era la mujer más hermosa que había visto porque cada persona tiene su propia idea de belleza. Empecemos por definir belleza, digamos que a falta de atributos físicos digamos que es un conjunto de características agradables a la vista (bueno, no puedo decir a los sentidos porque uno no puede tocar o probar algo “bello” aunque uno puede escuchar una hermosa canción).
Por lo tanto, haremos el siguiente ejercicio: cada uno pensará en el conjunto de atributos más agradables a su propia vista en una persona y eso era ella.
Sigo divagando, lo sé, pero no veo otra forma de explicarlo, más cuando tengo que explicar que quince años después esa misma persona tenía la piel pálida, los cabellos opacos, el rostro seco, la mirada inexpresiva y además caminaba despacio.
Al verla sentí un vacío en el estómago.
Deseé que no me viera, quería esconder la cara pero no había modo, la única solución era hacerme el desentendido y ver hacia otro lado mientras ella pasaba esperando que no me reconociera.
Pero fue muy tarde, volvió a ver y nuestras miradas se encontraron.
Sonrió levemente y se acercó a mi mesa.
- Hola, cuánto tiempo sin verte. – me dijo.
- Hola, lo mismo digo.
- Está ocupado el lugar? – dijo señalando la silla vacía frente a mí.
- No, siéntate, cuéntame cómo te ha ido.
- Por lo visto te ha ido mejor a ti que a mí.
- No creas, ya se me notan mis añitos, mirá, tengo ya mis canitas y mi pancita – También los años habían pasado por mí, ya asomaban varias canas en mi cabeza y mi tímida pero evidente panza era un presagio de mi gordo futuro
- Pues yo allí como me ves, tuve un accidente hace dos años y me lastimé la columna, pasé buen tiempo inmovilizada, además quedé incapacitada para tener hijos. – decía las cosas viendo hacia abajo y encogiendo los hombros, resignada.
- Cuánto lo siento.
- ¿Todavía vivís en la cuarta calle? – preguntó.
- No, mi mamá murió y luego mi papá se casó con otra señora, tuvieron sus hijos y a mí y a mi hermano nos echaron, ahora vivo solo.
- ¿Tienes esposa? ¿Novia?
- No, bueno, he tenido novias, una vez estuve a punto de casarme pero al final se echó para atrás.
- Ellas se lo pierden, pero si estás solo es porque querés, porque me imagino que no ha de faltar alguna que otra mujer que ande atrás de vos.
En ese cumplido hizo una leve sonrisa, yo solo pude pensar “lástima”.
- No creás, estoy bien así, me concentro en mi trabajo y no tengo mayor distracción, así cuando me llegue la hora voy a tener algo que ofrecer ¿no crees?
- Sí así dice uno – contestó – que quiere tener todo listo para cuando se case, quiere que todo sea perfecto, a una la crían para ser esposa, cocinar y hacer limpieza, y ahora encima hay que trabajar, uno siempre piensa las cosas de color de rosa. Mejor no perdás tu tiempo solo y casate, si estás pensando que cuando tengás las cosas materiales vas a estar listo para casarte te vas a hacer viejo y seguirás solo.
Tenía algo de razón.
- Igual uno no sabe lo que se viene – continuó. – Mirame a mí, me casé a los veinte y mi esposo tenía dieciocho. No te voy a decir que no hemos tenido nuestros buenos momentos pero últimamente todo se ha vuelto un fastidio…
- ¿No les va bien? Pregunté
- Hace poco lo secuestraron
- ¿Lo secuestraron?
- Sí
- ¿Cómo?
- Eso es lo cómico, no tenés idea la de vueltas que tuve que dar, las noches de desvelo, la angustia de no saber si estaba vivo o si iba a aparecer muerto en algún terreno; estar pendiente del teléfono todo el tiempo, la policía pendiente de uno y todos pendientes que los secuestradores no se enteraran que uno les seguía los pasos.
Luego pagar el rescate, tuve que pagar porque de cualquier manera la policía no lo logró localizar así que hubo que hacer las cosas al modo de ellos.
Pero siempre hubo que ir con la policía y hacer una reconstrucción de los hechos. Allí fue donde me enteré de dónde estaba.
- ¿Y dónde estaba?
- Con su amante.
- Oh…
Se inclinó sobre la mesa viendo al café en su taza hacer remolinos. Parecía haber contado la historia muchas veces, ahora lo decía con frialdad
- Los secuestradores tenían controlado a qué hora iba y regresaba de donde ella, los lugares adonde iban, y según yo el pobre se mataba trabajando… ella también tuvo que declarar de dónde venían saliendo cuando los tipos les atravesaron un carro enfrente y se bajaron para sacarlo a él. Ella era testigo, venían saliendo del motel.
- Cuánto lo siento. La verdad no se que decir.
- ¿Sabés qué es lo que me duele? El imaginármelos a los dos en ese lugar, en la cama y él haciendo las cosas que supuestamente eran exclusivas para mí, yo le fui fiel siempre, el fue el primer y único hombre en mi vida.
Además no era la primera vez que lo hacía, ya lo había perdonado una vez anterior. Me juró que no lo volvería a hacer, y le creí.
- ¿Y porqué no terminaste con el desde la primera vez?
- Por mi hijo ¿sabes? Yo no quería que él creciera sin un padre.
- Qué difícil.
- Yo no me preocupo por el dinero, no es que sea millonaria pero al menos tengo mi trabajo y con eso nos podemos mantener, lo que sí me detiene es pensar que mi hijo crezca sin una figura paterna, total nuestros problemas no son su culpa así que quedamos en seguir juntos por él.
Pero en fin… - cortó y cambió de tema como si nada - ¿Cómo está tu familia?
- Bien… allí andan… todos…
- ¿Sabes de qué me acuerdo? Cuando estábamos patojos y yo te miraba cada vez que regresaba de estudiar.
- Sí, y yo siempre te saludaba con cara de bobo
- ¿Te acordás que siempre te contaba que tenía una amiga que le gustabas y te mandaba saludos?
- Sí recuerdo, pero nunca me presentaste a tu amiga.
- ¿Nunca caíste que en realidad esa amiga no existía?
Eso me cayó como balde de agua fría, ella siempre me decía que tenía una amiga a la que le gustaba y nunca me la presentó, y yo siempre fui demasiado tímido para preguntar algo más.
(No, para serte honesto nunca lo pensé, aunque yo me moría por ti en ese entonces, pero ahora de verte con tantas penas y sufrimiento pienso que es mejor que las cosas se hayan quedado así, quién sabe qué nos depara el futuro, a veces las cosas pasan por alguna razón)
- Alóo, ¿Te comieron la lengua los ratones? Bueno ya terminé mi café, pero me agradó mucho conversar contigo, espero que nos sigamos viendo ¿sí? Cuídate.
Se fue caminando despacio, y yo me quedé pensando que a veces no es bueno divagar tanto.
Desde ese día no vuelvo a tomar café en ese lugar.

miércoles, julio 4

Hoy te he visto

Hoy he visto tu figura
Y no la puedo quitar
De mi cabeza, que da vueltas
Una imagen
Reveladora, si se quiere
Como no he visto otra igual

Y cuida tu caminar
Pues quisiera ser tu sombra
Para seguir el objeto
Del deseo que me acosa
Y que tortura mis noches
De delirio y locura de quererte tocar

Y si te tuviese cerca
Me tendria que aguantar
Y amarrar mi boca
Y mis manos que locas
Quisieran recorrerte hasta el final

Y mi mente que se suelta
De deseos inconfesables
¿Me los callo? Ya no se
¿Y si tú también lo quieres?
¿Y si es provocación?

Ya no aguanto esta fiebre
Que me vuelve loco y delirante
Mejor que venga la mañana
Porque se que no es correcto
Pero son mis fantasías
No las puedo controlar

Asi que ya lo sabes
Porque he sido tu dueño
Sin tu siquiera saber
Aunque nunca sea cierto
Por culpa de una foto
En mis brazos te he tenido
Y me has llenado de placer

miércoles, junio 27

AUTOBIOGRAFIA

(ALGUIEN TIENE QUE HACERLO)

Nací un 27 de agosto de 1976, en el “año del dragón” de los chinos. Cuentan que en ese entonces había huelga de hospitales por lo que costó un poco encontrar uno y al final vi la luz en un centro asistencial privado de la ciudad capital, aunque mi acta de nacimiento dice que nací en Chiquimula, y en cierto sentido tienen razón. Allí fui concebido y pasé mis primeros años de vida.

Mi primer recuerdo de toda la vida es una tarde lluviosa. Veía la lluvia caer afuera de la tienda de mi madre; al menos es un recuerdo agradable.

Mi padre me enseñó a leer y aprendí a los tres años, quisieron meterme a estudiar pero en todos lados decían “aquí no es guardería”. Mientras me entretenía leyendo los rótulos de los negocios cuando caminaba por la calle, me encantaba leer tiras cómicas hacer las voces de cada personaje hasta que un ¡Callate y deja de hacer ruido! Me hizo leer absolutamente todo en silencio desde ese momento.

Mi madre abandonó a mi padre por un tipo vago, borracho y violento. Eso hizo que se descuidara mucho del cuidado mío y de mi hermana que ya estábamos en edad suficiente para ver y juzgar ciertas cosas, luego mi padre nos sacó de allí y nos llevó a vivir con él.

Cuando terminaba de cursar el tercer grado de primaria la maestra escribió una observación al pie de mi libreta de calificaciones: “es muy inteligente, pero es un antisocial”. Esto enojó mucho a mi padre y a mi abuela (que por cierto me crió mucho mejor que lo hubiese hecho mi madre). Le reclamaron a la maestra pero ella no cambió de opinión. Supongo que eso no ha cambiado mucho desde entonces.

Mientras fui creciendo me di cuenta que existían dos tipos de personas: las superficiales que se interesan más en la apariencia y las posesiones, y otras que no se interesaban tanto por lo material como por lo que pensaban, y apreciaban lo que otros podían pensar (escribir, cantar, pintar).

Como todo escolar me ponían a leer lecturas cortas (es una lástima que en nuestro país no se les incite a los niños a leer), sin embargo no fue hasta el bachillerato que un maestro me puso la maldita semilla de Nietzche para que no dejara nunca de rascarme el cerebro. De allí vino Hesse, Sábato, Rulfo, Borges me enseñó que no éramos más que sueños de seres que son soñados y por fin conocí a Dostoievski para dejarme trastornado para siempre.

De Guatemala aprendí el lenguaje vegetal, a gritar la injusticia y la belleza de un país salvaje hasta en su expresión más pacífica.

Cuando alguien lee un poco de todo termina por tener un punto de vista muy imparcial de las cosas. Al final todo se reduce a la igualdad, a una calma absoluta que ha sido temporalmente perturbada. Todo punto de vista tiene validez para quien lo defiende, cada quien tiene su verdad. Mi mente fue abierta por tantas ideas que al cabo terminé por no aceptar verdades universales sino que cada quien en su individualidad es un universo.

Mi papel entonces, se convierte en el de un simple observador.

Pero observar no tiene ningún sentido si no se relata lo que se ve.

Así que por eso escribo, porque tengo que hacerlo.

Al final, alguien tiene que hacerlo.

(Esta es la autobiografía que pronto estará publicada en la web de nadaeditores)

miércoles, junio 13

EL MIEDO (II)

- Aguas con el Yuca muchá.

El rebaño de ovejas se alborotó ante la presencia del depredador.

Apareció a una cuadra, conversando con dos de sus amigos, sus “compadres” y los que lo vieron sintieron el corazón en la boca.

A ver a quién le toca el asalto…

Sabían que mientras anduvieran juntos tenían oportunidad, pero en solitario era otra cosa, incluso en grupos pequeños los copaba y uno por uno les pedía el “impuesto de territorio”, un porcentaje de su salario, una tarifa arbitraria establecida al antojo de la mara, si se negaban a dar el impuesto se arriesgaban a que les quitaran todo su salario e incluso a que les propinaran un balazo.

Samuel Noj no estaba enterado de estos acontecimientos, en esos momentos estaba sumido en una semiinconsciencia que lo rodeaba, aturdido aún por el poco tiempo y la falta de costumbre de haber aceptado trabajo semejante; sus órdenes eran mantener el orden en la aglomeración y él hacía lo posible aunque ante tal marea humana era poco lo que podía hacer.

- ¡Muchá no se cuelen!
- ¡Poli mire que no se metan!
- ¡Poli!
- ¡Poli!

El agente Noj trataba de cumplir su deber como podía.

- Por favor mantengan el orden.
- No se cuele señor, mantenga la fila.

El yuca estaba aproximadamente a una cuadra, conversaba con sus amigos mientras esperaba. No había necesidad de arrebatarse, sabía que tendría su oportunidad.

Era alto, tatuado hasta el cuello, el cuidado de no tatuarse el rostro era una mera formalidad para poder andar por la calle sin llamar mucho la atención. Del cuello para abajo su piel era un tapiz ambulante decorado con telarañas, la bola negra del billar, el rostro sonriente junto con el rostro triste, y el consabido “perdóname madre por mi vida loca”, amén de cristos y vírgenes; símbolos apócrifos de una espiritualidad olvidada. O en todo caso, la resignación del fatal destino que podría venir en cualquier momento.

Para los infelices maquileros la ruta de salida era un albur, La banda podría aparecer en cualquier momento en cualquier lugar. Era pura cuestión de suerte.

Cada dos semanas lo mismo, el miedo.

- ¡Colado!
- ¡Poli mire que se están colando! ¡Que se hagan para atrás, que hagan su cola! ¡Nosotros vinimos primero!
Samuel Noj se acercó de mala gana para lidiar con el descarriado para hacerlo volver a su fila.

El yuca pasó amenazante frente al grupo, solo para hacerlos estremecerse, los demás habían quedado atrás, probablemente apostados en otras esquinas esperando.

- Poli yo estaba aquí, este es mi lugar.
- Hágase para atrás por favor, mire dónde va la cola.
- Ala poli, no sea mala onda
- Usted es colado, hágase para atrás.
- Mire tenga cuidado porque ese que viene allí es ladrón – dijo una señora.
- ¿Dónde? – preguntó el agente Noj.
- Allá del otro lado, por la tienda está tomándose un agua.
- ¡Poli el colado! – Reclamaban los impacientes.
- Poli el ladrón, decían las señoras.
- ¡Colado!
- ¡El Yuca!
- ¡Poli!
- ¡Poli!

Samuel Noj perdió la paciencia por un segundo, volvió a ver al ladrón y lo identificó; no era muy difícil de identificar por la forma de vestir, el andar y la mirada de amenaza. Empuñó la escopeta.

- ¡Poli el colado!

Pasaron unos segundos, luego un bombazo, luego confusión, luego gritos y todos corrieron en desbandada. El Yuca escuchó el escopetazo y se le heló la sangre, quedó quieto por un momento.

Luego salió corriendo.

El agente Noj había querido empujar al infortunado colado, pero con el nerviosismo de tener al ladrón cerca empuñó la escopeta y apretó el gatillo. Precisamente en el momento de empujar al infeliz maquilero con el cañón del arma.

El rebaño ahora había salido despavorido, el único que quedó fue un pobre individuo desconocido, una víctima más, inmóvil en el suelo.

FIN.

jueves, mayo 31

EL MIEDO (I)

En alguna costa rocosa los leones marinos se amontonan en la orilla. Tienen hambre y esperan la siguiente ola para nadar y buscar su alimento. Tienen que cumplir con una de las leyes de la naturaleza: comer. Sin embargo, saben que no todos regresarán. En algún lugar los espera el depredador. El depredador no es selectivo, no necesita la presa más grande ni la más gorda. Es más, no quiere cansarse; solo tomará a la primera presa que alcance. Los leones marinos pueden tener una leve idea del riesgo. Aun así saben que deben buscar comida o morirán de hambre. Es la paradoja: morir por no comer o morir como alimento mientras se busca alimento.

A veces se pueden encontrar similitudes entre el comportamiento animal y el humano. Imaginar por ejemplo, una multitud y el barullo que esto conlleva. Todos buscan algo: sobrevivir.

Todos tienen miedo también.

Pongamos el lugar: las afueras del banco. El motivo: día de pago de planillas a los trabajadores de la maquila. El deseo: subsistir; y el miedo a los asaltos. Todo se mezcla para darle a la masa humana una sensación de homogeneidad. Todos buscan lo mismo y temen a lo mismo.

En grupo se está bien, hay compañerismo incluso, además nadie se atrevería a despojar del salario recién ganado a alguien en medio de tanta gente.

El inconsciente colectivo es muy interesante. Individualmente cada uno toma su propia decisión y actúa conforme a esta. En cambio en grupos grandes todos actúan en unidad como por instinto. Los empleados del banco veían a la masa humana moverse como en oleadas, como ovejas arreadas por el guardia de seguridad que trataba de imponer algún orden.

Los ejecutivos del banco decidieron hacer una “ventanilla especial” para los trabajadores de la maquila, primero porque eran muchos, segundo porque eran escandalosos y olían mal, y tercero porque querían dejar el resto de ventanillas disponibles para los clientes regulares. La ventanilla daba directamente a la calle; los empleados del banco protegidos por un grueso vidrio antibalas veían desde la seguridad de su oficina con aire acondicionado a los de afuera moverse casi como borregos.

Casi podían escuchar el “baaa, baaa” del rebaño desbocado.

A nadie le importaba que el dueño de la maquila, un coreano con aliento y sudor impregnados de ajo pagara salarios miserables a sus empleados. Muchos lo veían como un benefactor incluso. ¿Qué haría toda esta gente si no existiera la maquila? ¿Sin la bondad de los gringos que le daban la oportunidad a Latinoamérica de hacer productos de marca, con flamantes etiquetas, porque sus ingratos compatriotas cobraban su trabajo como la ley manda? Las leyes de su país no le daban mucho margen de ganancias a las grandes fábricas. ¿La solución? Mandar el material al sur para que lo manufacturen barato, ridículamente barato. Luego regresarlo al norte y venderlo con una ganancia ridículamente alta y hasta exportarlo. ¡Listo! ¡Negocio redondo!

Muchos de los maquileros estaban desvelados y aturdidos. Para cumplir con los plazos de producción habían tenido que trabajar muchas horas extras. Además, con el sueldo base apenas alcanzaba para los gastos y las horas extras eran prácticamente obligatorias. Sin contar que el coreano exigía lealtad a sus empleados. Si alguno de ellos no se quedaba hasta cumplir su cuota era tomado como un holgazán. ¿No era trabajo lo que quería? ¡Pues a echar punta!

Había uno que observaba el espectáculo desde fuera; era Samuel Noj, el guardia del banco. En realidad no era muy impresionante. Era más bien chaparro, moreno y flaco, no pasaba de veinticinco años y le costaba hablar la castilla, la cual había aprendido un poco durante los tres años de primaria que estudió, luego se dedicó un tiempo a las labores del campo y cuando el campo se acabó encontró trabajo en la empresa de seguridad privada de las que abundan en el país. La cantidad de asaltos es alta y la policía nacional, corrupta e inoperante ha hecho de las empresas de seguridad privada un negocio floreciente.

Samuel Noj no recibió mayor entrenamiento. Le dieron un uniforme verde oscuro y una escopeta casi de su tamaño, de la que le enseñaron el mantenimiento y operación básicos. Le asignaron su lugar de trabajo y un turno de 24 x 24. Es decir, estar de guardia un día y descansar otro.

En su primer día de trabajo su compañero, el agente Chilel le dio un consejo:

- Una cosa te voy a decir: si asaltan el banco tirá la escopeta y tirate vos al suelo, porque al primero que se vuelan es al de seguridad.


El agente Noj recordaba ese consejo todos los días.

(Continuará)

viernes, mayo 11

Lectura este 19 de Mayo

¡Están invitados!



Seguramente será un éxito como las presentaciones anteriores, ¡Gracias a todos de antemano!

jueves, abril 26

LA QUIEBRA

Hablando de quiebras como la del banco del café y el banco de comercio, encontré entre libros viejos este cuento de Osip Dimov que se llama precisamente La Quiebra.

LA QUIEBRA

El hermoso Banco, de escaparates esmerilados y con una puerta de brillantes placas de cobre, en medio del barrio pobre, de casas sucias, habitadas por pobres gentes, parecía un príncipe que, no sabe cómo, se encontró de repente entre una multitud de mendigos. Y la multitud amaba a aquel príncipe. Trabajaba para él. Todas las miradas estaban fijas en él. Parecía traer el consuelo a aquella miseria. Era la esperanza del barrio.

Una larga hilera de gentes, hombres y mujeres, jóvenes y viejas, se estacionaban los sábados por la tarde frente al Banco, después de haber recibido el salario de la semana. Uno tras otro, iban dejando sus pequeñas economías en las ventanillas de relucientes barrotes de cobre. Fue algo como una ceremonia mística de los tiempos antiguos, durante la cual los creyentes traían sus ofrendas al altar. Era la veneración al bello príncipe del barrio. Y el príncipe, por manos de los empleados, bien vestidos y cuidadosamente afeitados, aceptaba generosamente aquellas ofrendas. Los billetes de Banco, diez veces contados, llevando señales de las manos sucias de las pobres gentes, desaparecían tras las ventanillas.

Mucha gente ha entrado por la sólida puerta de relucientes placas de cobre. Otras muchas han salido por ella, llevando el dinero economizado en largos años de trabajo. Los pobres llevaban allí su dinero como si fueran a orar a un templo. Mas en aquel templo las oraciones estaban inscritas en un grueso libro y daban intereses. Y a las gentes les parecía que aquel templo, con empleados cuidadosamente afeitados en vez de sacerdotes, era más sólido y más importante que los demás.

II

Un buen día, el Banco cerró de pronto su puerta. Cesó de pagar a sus clientes. El príncipe había trabajado demasiado oro y su vientre estalló. Estaba muerto. O quizá simulaba la muerte.

La gran puerta reluciente no se abrió más. Se tornó muda e inmóvil. Inspiraba ahora un horror indecible. Los empleados, cuidadosamente afeitados, habían desaparecido. El príncipe se quitó la máscara, y ahora todos vieron que era una terrible araña, un vampiro gigantesco, que, habiéndose colocado en medio del barrio, como en el centro del corazón, chupó durante largos años su sangre, lentamente, obstinadamente, con una fría tranquilidad. Los escaparates eran los ojos de aquel monstruo; la puerta ornada de placas de cobre, era su boca. Ahora, la boca se había cerrado porque el monstruo estaba satisfecho.

Al principio, las víctimas de aquel monstruo no sintieron más que dolor: creyeron que fuera una herida fácil de curar. No sabían que estas heridas están siempre envenenadas, aunque muy pronto lo comprendieron. Para muchos, la mordedura del vampiro tuvo trágicas consecuencias. David Rimcha, que tenía en el Banco todas sus economías, reunidas en dieciocho años de penoso trabajo, se ahorcó. Anna Cherni, doncella del servir, que ahorraba su dinero para poder casarse con su novio, se envenenó. Pablo Rabin, propietario de una tiendecilla de ultramarinos y padre de cinco criaturas, que recientemente había depositado todo su dinero en el Banco, sufrió un ataque de parálisis.

Los demás quedaron destrozados, desesperados, heridos en lo más hondo. Mujeres jóvenes envejecieron, enflaquecidas las mejillas, los corazones llenos de dolor. Los que valerosamente habían luchado contra las miserias de la vida, estaban ahora abatidos.

Una nube negra envolvía aquel pobre barrio. Parecía una epidemia. Los tentáculos monstruosos del vampiro gigantesco penetraron en todas partes, sembrando la desolación y los sufrimientos.

III

Un domingo por la tarde, los habitantes de aquel barrio se reunieron cerca de la puerta cerrada del Banco. No esperaban nada; sabían muy bien que la puerta no se abriría más. Habían venido simplemente para echar una mirada sobre los escaparates vacíos, aquellos ojos crueles del monstruo. ¡Cómo si la fuerza invisible de que disponía el monstruo continuase atrayendo a las gentes aun después de muerto! Ya hacía tres semanas que el Banco había cerrado, pero el barrio seguía agitado como una colmena de abejas que hubiera sido turbada.

En la acerca estaba de pie Tina Berg, una joven de bello y pálido rostro y admirables ojos negros.

Un joven se aproximó a ella y le dijo:

—¡Buenas Tina! Hace tres semanas que no te veo ¿Dónde te metes?

—He estado ocupada —contestó ella, y se puso encarnada.

—Estás muy bien vestida. ¡Qué sombrero tan bonito!

—¿Te gusta?

—Sí. Y el traje también. Estas aún más guapa que de costumbre.

La miró con ojos amorosos.

—Te he buscado en todas partes, pero no he podido encontrarte —continuó.

—He estado ocupada.

—¡Qué contento me ha puesto volverte a encontrar! ¿Vamos a dar un paseíto?

—¡No! —repuso ella lacónicamente.

—¿No quieres pasearte más conmigo?

-¡No!

Después de un corto silencio, el joven preguntó:

—¿Has perdido mucho dinero en el Banco?

Tina, con una amarga sonrisa, repuso:

—Todo lo que tenía. Todo 1° que había ganado en dos años y medio.

Miró los escaparates vacíos del Banco y añadió:

—Pero eso no tiene importancia; yo lo ganaré otra vez.

—Naturalmente, no hay que desesperarse. Veo que ya te has comprado un traje nuevo y un sombrero. Además, eres tan joven...

Se inclinó sobre ella y, en voz baja y entrecortada, llena de felicidad, como hablan los jóvenes enamorados, le murmuró al oído:

—Te he buscado todas las tardes, te esperaba hasta las horas avanzadas de la noche... No podía dormir. Te amo de tal modo, Tina, que no puedo vivir sin ti. ¿Casémonos dentro de un mes?... ¿Quieres? Trabajaremos los dos ... ¿Quieres?...

Tina se sonrió ligeramente. —No me casaré contigo —repuso. —Pero ¡tú me lo habías prometido!

—Te lo había prometido antes de aquello...

Y señaló con la cabeza el Banco cerrado.

—.. .Ahora, ya no quiero.

—Es igual, antes o después... Ya que me lo has prometido...

La joven bajó la cabeza y no respondió.

La acera estaba llena de líneas irregulares y de números que los niños habían dibujado para jugar.

Tina levantó la cabeza, y mirando al joven a los ojos, dijo:

—Sí, una vez te prometí y ¡he de cumplir mi palabra!

—Sí, sí —confirmó el joven alegremente—. ¿Hablas en serio?

Ella sacó su pie por debajo de la falda de seda, que hasta ahora nunca había usado, y mirando su elegante bota amarilla, preguntó:

—¿Se dice que el Banco reembolsará el 15 por 100?

—Sí, eso me han dicho.

—Muy bien. Pues si tú quieres, puedes también coger de lo que yo te había prometido... el 15 por 100.

—No te comprendo. —Es muy sencillo... Podrías tenerme... No te costará más que.. . —¿El qué?

—No te costará caro. Mira... Indicó, con su pie elegante, un sitio en la acera. El siguió con la visa el pie de la joven y vio la cifra 3, que los niños habían pintado con tiza sobre las sucias piedras de la acera. El joven seguía sin comprender. Entonces, ella, con voz alterada, en la que se adivinaban las lágrimas, le dijo:

—¡No seas tonto! Me puedes tener por tres rublos. No vale la pena de que nos casemos...

sábado, marzo 24

Los Anticomunistas (IV y final)

Jacobo Arbenz Guzmán tomó posesión de la presidencia de Guatemala el quince de marzo de mil novecientos cincuenta y uno. Entre sus logros se cuentan haber expulsado a la compañía bananera de la United Fruit Company, la construcción del Puerto Santo Tomás, y la hidroeléctrica Jurún Marinalá, entre otros.

También impulsó el decreto 900 o “reforma agraria” que quitaría tierras ociosas de sus propietarios y se las daría a campesinos para trabajar.

Horacio Fuentes sufrió un atentado un día. Atravesaba su finca cuando el jeep Willys que manejaba fue alcanzado por una ráfaga de balas. Los impactos continuaron hasta mientras Horacio aceleraba pasando por lomas y hondonadas a campo traviesa. Cuando por fin se puso a salvo, pudo apreciar los agujeros que las balas habían causado a la carrocería. Estaba vivo de milagro.

Otro vecino, Alejandro Oliva; desapareció sin dejar rastro. Nadie supo nada de él.

Bernabé y su grupo siguieron, sin embargo, con sus reuniones secretas. Cuando llegó el momento convenido salieron hacia Honduras. Tenían el apoyo del gobierno estadounidense que les proporcionaba armas, entrenamiento y suministros. Al mismo tiempo llegaban los aviones bombarderos, que en poco tiempo serían conocidos como “sulfatos” debido al efecto que causaban sobre el enemigo. Según el decir entonces “La gente se cagaba de miedo al escuchar los motores” puesto que ya sabrían que pronto vendría el bombardeo.

Don Bernabé y sus compañeros invadieron Guatemala entonces para “la liberación” de Guatemala.

Jacobo Arbenz nunca completó su plan de reforma agraria y lo que para muchas personas fue considerado como “la Década de la Primavera Democrática en Guatemala” por los avances sociales logrados; terminó en un crudo invierno.

Don Bernabé volvió a su vida normal después de estos acontecimientos. Siguió dando clases en el mismo lugar. Siguió yendo de cacería de vez en cuando en el terreno sin sembrar, mientras otros volvían a caer en la opresión con las esperanzas de mejorar hechas pedazos.

El General Carlos Arana Osorio fue el sucesor de Arbenz con autorización del gobierno de Estados Unidos, el cual estaba feliz de haber terminado con la amenaza comunista de ese entonces. Se le inyectó dinero a las arcas nacionales para culminar algunos proyectos ya empezados anteriormente.

Luego nada.

Don Bernabé sentía haber cumplido con su deber de patriota. El mismo había sido perseguido político. Había sido espiado, amenazado y personas cercanas a él sufrieron atentados. Pero algo no cuadraba. Una gran cantidad de gente no estaba contenta. Se hablaba de algo que se había perdido. Un gobierno caía para ser derrocado por otro. Las elecciones eran fraudulentas. La corrupción se hacía cada vez más evidente. Amén de que las obras y proyectos que se habían empezado con entusiasmo y empuje, ahora carecían de mantenimiento y empezaban a caer.

Ahora el gobierno de turno también perseguía a los inconformes para acallarlos. Todo era igual…

Una tarde tocaron a la puerta de don Bernabé. Eran tres hombres de traje.

- Buenas tardes, don Bernabé, queremos platicar con usted – dijo uno de ellos.

- Qué se les ofrece.

- Verá usted… usted no nos conoce, pero nosotros hemos recibido muy buenas referencias suyas, como un hombre muy preparado, un gran profesor, también muy buen estratega.

Don Bernabé los miró intrigado.

- Sabemos – continuó el visitante – que usted fue uno de los planificadores de la liberación. Por favor, no se extrañe, usted es muy conocido en todo este pueblo y muchos saben de su capacidad.

- Sí – dijo Bernabé – estuve en la liberación, pero eso fue hace varios años, ahora estoy retirado, solo soy maestro.

- Y muy bueno por cierto. El asunto es que venimos a solicitar su ayuda.

- ¿Ayuda para que?

- Estamos organizándonos, organizando a los campesinos a reclamar lo que es suyo, lo que les pertenece por derecho, que ya no sean explotados por otros sin ganar nada, que ellos cosechen lo que ellos mismos siembran, no a sembrar para otros.

- Pero necesitamos estrategas – dijo otro de los tres – necesitamos a alguien que nos ayude a explicar qué hay que hacer y cómo hacerlo, si la contrarrevolución vino desde afuera, nosotros queremos hacerla desde adentro, en las montañas…

- Para ponerlo más claro – dijo el tercero – vamos a hacer una guerra de guerrillas, ya tenemos a la gente dispuesta, tenemos la fuerza y las ideas. Y usted debe tener muchas ideas.

Don Bernabé se quedó helado. Las mismas personas que había ayudado a derrocar ahora querían levantarse en armas. ¡Y querían su ayuda!

Vio a su alrededor, después de tantos años nada había cambiado, ni antes ni durante ni después de la revolución, pero él jamás había sufrido carencias, peleó para conservar su nivel social y sus propiedades, nada más.

Cerró los ojos y pensó en su finca y en las mañanas de cacería y en la tierra… la tierra hermosa… la tierra fértil… la tierra ociosa…

- ¡Al diablo! Dijo al fin. ¡Total, la finca nunca fue mía!

FIN