viernes, noviembre 24

LOS ANTICOMUNISTAS (II)

Las cuarenta manzanas eran puro monte tupido.

Las colindancias eran terrenos de sus dos hermanos. Al este el de Ulises, al oeste el de Arnulfo, al norte las tierras de Horacio y Aquiles Fuentes, al sur las parcelas de los Oliva. Sea como sea, todos eran conocidos y a excepción de Aquiles, se llevaban bien y podía ir de cacería como si el lugar fuese propio.

Salió a las cinco de la mañana, casi eran las nueve; el sol ya calentaba y las chicharras se volvían locas haciendo ruido enloquecedor. El calor del sol llegaba hasta el suelo haciendo hervir el vapor podrido de las hojas. Toda la selva era una orgía de verde alimentada por el sol y el agua. Las hojas caían en el suelo y al podrirse engendraban nueva vida; desde los pinos hasta las ceibas, de los helechos a los hongos; las plantas alimentando a los animales. Los animales y las plantas alimentando al hombre.

La cacería es un ochenta por ciento paciencia, un diez por ciento suerte y un diez por ciento adrenalina. No era necesario adentrarse mucho en la selva para encontrar algo, pero había que saberlo hacer: caminar a favor del viento para que los animales no sintieran el olor. No fumar, no hablar. Bernabé podía pensar mucho en sus caminatas de cacería. Desde el primer día que decidió renunciar a su trabajo dispuso mudarse a la finca y acondicionar el rancho viejo para vivir allí. Compró dos vacas lecheras, así sacaba leche para su consumo y de paso Judit hacía crema y queso para vender. Además, con la cacería no le iba tan mal, generalmente encontraba conejos que era lo más abundante, luego seguían los venados; uno solo le daba carne para muchos días. Cuando tenía suerte encontraba tepezcuintles, una especie de roedor grande, casi del tamaño de un perro pequeño. De carne delicada y sabrosa.

De vez en cuando le llegaban noticias de la capital.

- Fijate Berna, que están construyendo la carretera al Atlántico – decía Judit.

- Claro, si Ubico dejó las arcas del Estado llenas de dinero, cómo no van a tener para hacer eso y más.

- Mirá, dice aquí en el periódico que van a hacer un Instituto de Seguridad Social, van a darle tratamiento médico y medicinas a los trabajadores que se afilien.

- Eso ya me suena a comunista, luego nos van a racionar la comida…

- Berna mirá, vinieron del Ministerio de Educación, te dejaron tu nombramiento. Dijeron que todavía tenés tu plaza y quieren que vayás a dar clases, dicen que sos un buen maestro y esperan que lo considerés.

- No necesito el trabajo.

- Vaya pues…

Bajando un poco el cerro encontró unos arbustos de caulote. Los venados tienen gusto por los frutos del arbolito. Se acercó y observó algunos frutos mordidos en el suelo.

- Están frescos, por aquí pasó venado – pensó.
Tomó el Winchester y lo empuñó, terminó de bajar el cerro y miró atento. Caminó unos cincuenta metros y atrás de unos eucaliptos vio un lomo gris y una cola blanca.

Silenciosamente, tomó el rifle y apuntó. Este era el diez por ciento de adrenalina. Sentir la superioridad del hombre sobre todo lo que le rodea; saber que literalmente con mover un dedo podía disponer de la vida del ser que tenía a unos metros de distancia. Era el juego más macabro del “tú o yo” que mueras tú o que muera yo, y como YO no quiero morir prefiero que seas TU quien muera para darme vida un día más.

El venado era hermoso. Levantó la cabeza y su nariz brillaba masticando la hierba. Bernabé intuía la piel suave, el pelo firme y corto, la delicada nariz y los expresivos ojos y por un momento se enterneció.

El venado no vio ni escuchó el disparo que le perforó el cráneo matándolo de inmediato.

Tenía puntería don Bernabé.

(continuará)

jueves, noviembre 16

LOS ANTICOMUNISTAS (parte I)

- ¿Sabés lo que hacen los comunistas? Si tenés un terrenito, por ejemplo, te lo quitan y lo reparten entre otros huevones que no hacen nada, te quitan todo lo que tenés, todo por lo que has trabajado, te quitan todo y te ponen a trabajar, luego no te pagan por tu trabajo sino que dan racionada la comida, la ropa, la medicina, todo, no podés comprar nada. Y luego cuando tenés sesenta años y ya estás muy viejo para trabajar, te ponen una inyección para que te murás, porque ya no sos útil, matan a los viejos. Y si estás en contra del gobierno y hablás en contra de ellos, te matan, tienen orejas por todos lados, no hay libertad de nada, ¡De nada!

Así hablaba don Bernabé Flores a los niños que le preguntaban ¿Y qué es el comunismo? Él daba su discurso como quien predica el evangelio y arremetía contra los indios. ¡Al indio hay que darle de comer en guacal y luego estrellárselo en la cara! Decía, dando a entender que no eran de fiar y que al darles la más mínima libertad se aprovechaban para exigir más de lo que se les podía dar. Y claro, luego se volvían comunistas que querían robarle su tierra que tanto le había costado.

Aunque tanto como “costarle” era decir mucho. La tierra la había heredado de sus antepasados que llegaron a Guatemala con las primeras expediciones colonizadoras. En el área del oriente de Guatemala – lo que ahora es Zacapa y Chiquimula – encontraron un clima bastante parecido al cálido mediterráneo y se establecieron allí, repartiéndose muy dadivosamente grandes extensiones, con sus pobladores incluidos.

Con el tiempo la tierra fue heredándose de generación en generación y así se fue fragmentando haciéndose las porciones cada vez más pequeñas. Aún así don Bernabé se ufanaba de tener cuarenta manzanas aptas para cultivos o ganado. La cantidad de habitantes del lugar no era muy elevada en ese entonces así que aún no había empezado el problema habitacional. Los antiguos pobladores de esas áreas fueron expulsados y tuvieron que irse a otros lados.

Ahora las cuarenta manzanas eran una montaña sin oficio ni beneficio.

De joven, don Bernabé había estudiado bachillerato, de alguna forma lo consideraba un “irse contra la corriente” de la gran mayoría de estudiantes de magisterio, luego de graduarse viajó a la capital a estudiar derecho – lo que estudiaba la gran mayoría de universitarios entonces -. No se sabe exactamente si la nostalgia por el pueblo natal, la falta de cabeza para las letras (cosa poco probable) o el ser mujeriego y parrandero (cosa más probable) le hicieron desistir de sus anhelos universitarios a los dos años y regresó a Chiquimula.

Como no encontró otro oficio tuvo que conformarse – ironías del destino – con ser maestro.

Cambió las letras por los números, era muy listo y el álgebra se le daba fácil. Como era algo difícil que llegaran bolígrafos, lápices o cuadernos al pueblo, practicaba en el patio de su casa escribiendo con carbón sobre la torta de cemento. Cuentan que a veces había problemas a los que no le encontraba solución; se iba a dormir y al día siguiente aparecía con la sorpresa que había soñado la respuesta, y efectivamente, resolvía el problema.

Cortejó y se casó con Judit Franco, una señorita de buena familia y rasgos europeos como él, que se jactaba que en su familia no había sangre indígena.

Don Bernabé consiguió plaza como profesor titular en el Instituto para Varones de Oriente INVO, se le asignó la cátedra de matemáticas, incluyendo trigonometría, algo muy avanzado para la época; sin embargo aceptó el reto con gusto e impartió la clase por varios años.

Luego vino el 44 y la revolución de octubre.

Don Bernabé no olvidó su formación universitaria, la filosofía aprendida tanto de herencia como de estudio, las historias de la segunda guerra mundial y el tamaño de la Rusia comunista hacía pensar que en Guatemala iba a haber guerra. Y ahora en efecto, se daba la revolución, así que don Bernabé tomó una decisión de vital importancia.

Un día llegó temprano a casa.

- Judit, acabo de renunciar – dijo.
- ¿Cómo así que renunciaste?
- Sí, yo no voy a trabajar para esos malditos comunistas
- ¿Y mientras, qué vamos a hacer para vivir?
- Ya veremos…

(continuará)

viernes, noviembre 10

despues de mucho sufrimiento al fin me despedí de ella...

martes, noviembre 7

No te perdono

Te perdono ser grande
te perdono que te busques
te perdono tus locuras
tus fobias, tus miedos, tus pasiones
te perdono que aún te hagas camino

Te perdono la noche
Te perdono el frío
Te perdono los muertos
porque la muerte es inevitable
te perdono el vacío que me haces sentir
porque tienes mucho de dónde llenar

te perdono aquella noche que nunca olvidaré
te perdono los idiotas con quienes has estado
te perdono la edad
te perdono las heridas

Pero no te perdono lo cobarde
no te perdono que te quedes estancada
no te perdono la abulia, la modorra
de la que no quieres levantarte

no te perdono que te mientas a ti misma
no te perdono que te vendas a quien más pague
no te perdono que te sigas matando
solo por el gusto de desangrarte

no te perdono que viéndonos, nos ignores
no te perdono que te vayas con el que más brilla
aunque por oro brille el cobre
no te perdono la indiferencia…

no te perdono la ceguera
no te perdono que no aprendas de tus errores
no te perdono que no me perdones
no te perdono que aun no te quieras

eso no, no te lo perdono