jueves, marzo 30

EL DÍA DEL LÁPIZ

Había una vez un lápiz, casi nuevo, casi grande, casi amarillo, que pintaba casi negro, que trabajaba muy duro y deseaba que algún día el Presidente instituyera el día del lápiz; sin saber que en todo el país, todos los días, muchos alumnos de las escuelas usaban de pretexto el día del lápiz para no hacer la tarea...

Había una vez un lápiz, gastado, mordido y casi descolorido que era usado por un niñito de manos torpes que garabateaba sobre un papel. El lápiz estaba muy orgulloso de lo que hacía el niño, al ver sus dibujos, los únicos dibujos que había visto en su vida, creyendo que eran obras de arte.

Había una vez otro lápiz que estaba en una escuela, y miraba todos los dibujos que hacían todos los niños, y vivía indignado con los dibujos feos y deformes que veía, y soñaba con que algún día llegase un artista y se lo llevara para hacer dibujos de verdad.

Había otra vez un lápiz muy filósofo que se debatía entre quién era mejor: los lápices o los lapiceros. Los lápices se burlaban de los lapiceros diciendo que lo que dibujaban nunca se borraba y por eso quien se equivocara dibujando con lapiceros haría un tachón muy feo. Los lapiceros se burlaban de los lápices diciendo que lo que ellos escribían se borraría tarde o temprano y nadie se acordaría de lo que escribieran.

Érase una vez un lápiz que soñaba con ser un crayón...

Había otro lápiz que había estado en un tintero y eso le hacía alucinar que pintaba con todos los colores del arcoiris.

Había un lápiz muy coqueto y delicado, que soñaba con tener la punta perfecta, larga y seductora.

Había una vez un lápiz paranoico, que tenía miedo y no dormía porque sabía que su punta se iba a gastar y en algún momento desaparecería.

Había otro lápiz que gustosamente dibujaba y escribía aunque muriera poco a poco y se gastara, porque soñaba que en algún momento dibujaría o escribiría algo que haría historia y sería inmortal.

Había un lápiz nuevo que le tenía fobia a las manos sucias, sudadas y contaminadas con microbios, siempre se ponía de último en la fila para que nadie lo tomara, y sufría muchísimo.

Había en otro lado un lápiz que descansaba tranquilamente ante las neurosis, sueños locos y paranoias de los otros lápices...

martes, marzo 28

LA SORPRESA

Empezaba la cuadra, Paquito caminaba tranquilamente pensando en lo acontecido en el día, nada especial, nada profundo, nada específico, simplemente la pereza del sol de mediodía que lo acompañaba desde la cabeza hasta la sombra, un pedacito de guerra entre bien y mal que nadie gana.

(¿La sombra? Claro, la sombra es lo contrario de la luz, pero no es oscuridad, la oscuridad es la ausencia total de luz, la muerte de la luz, el sol no estaba luchando con la oscuridad, estaba jugando a ser malo por un ratito, la luz juega a disfrazarse de sombra y juega a revolcarse proyectándose ominosamente sobre la superficie anunciando un mínimo simulacro de batalla.)

(La verdadera oscuridad, la verdadera muerte espera al cerrar los ojos…)

Caminando en la banqueta, Paquito vio a lo lejos la entrada de la casa, una casa de ladrillo, uniforme, construida en serie, para gente que se reproduce en serie, somos la industria de gente, nosotros mismos somos fábrica y como cualquier fábrica necesitamos un socio (¿una “socia”?) y el producto de nuestros esfuerzos es… más fábricas.

La casa-fábrica de fábricas-personas tenía un portón de metal pintado de color verde, el verde tal vez, para combinar con el verde de las plantas que adornaban el resto de la entrada, colas de quetzal colgando de la pared, derramando verde; violetas y crisantemos abajo en macetitas, salpicando verde hacia arriba; en el arriate habían girasoles, ya había pasado la temporada de floración así que estaban decaídas y marchitas, recordando tiempos pasados que fueron mejores cuando eran la envidia del jardín; enfrente del arriate, ordenadas en fila habían loterías, palmeras y rosales conviviendo como podían, ante la obsesión de la abuelita que cuidaba a todas las plantas diligentemente, regándolas todas las noches (porque de día el sol evapora el agua y las plantas no aprovechan) silbando y cantando para que se sintieran parte de la familia.

La abuelita estaba en la entrada, estacionado en la entrada había un auto, alguien estaba adentro del auto y hablaba con la abuelita.

Era uno de los nietos, el mayor, el coyote, se ganaba la vida mandando gente al norte cobrando un par de miles de dólares por cabeza, tenía sus contactos, estaba organizado, recibía gente de los departamentos en su mayoría, podía ser un patojo de 16 años o un señor de 35, o una señora o señorita de 22. Tenía dos maneras de mandar gente ilegal a los Estados Unidos, la forma “legal” era sacar el pasaporte, pedir cita en el consulado de México e inventarse una historia de irse de vacaciones a cualquier lugar, con sus respectivas cartas y constancias de ingreso falsas, esa era la parte cómoda, el viaje era en bus hasta la frontera de los Estados, de allí sólo era pegar el brinco, cruzar el río y alguien del otro lado los recibía hasta llevarlos a su destino.

La otra forma era la “ilegal”, mojados de Guatemala a México y mojados de Guatemala a los Estados, normalmente no había muchas complicaciones; lo único que tenía que cuidarse el “pollo” era de abrir la boca para no delatarse por el acento pueblerino guatemalteco. Esa era la principal razón de deportaciones de México a Guatemala; conforme se iban acercando a la frontera se hacían más comunes los puestos de registro, pero eso era fácil, bastaba con que el encargado de cuidar a los pollos saliera a hablar y hacer el arreglo con el, darle unos cien pesos y asunto arreglado, parte sin novedad, siga adelante y haga lo mismo en el siguiente punto de registro.

Por supuesto que a veces las cosas salen mal, una vez un ayudante recién contratado dejó tirados en el desierto a los cinco pollos, aparecieron tres, de dos de ellos nunca se supo nada, otra vez a una joven que se bajaba del bus se le acercaron dos tipos.

- ¿Vos venís mandada por Alberto verdad? preguntó uno de ellos.

- Sí, respondió ella, inocentemente creyendo estar siguiendo las órdenes que le habían dado.

- Bueno, venite con nosotros, te vamos a llevar al hotel.

Se la llevaron, el único detalle era que ellos no eran ayudantes de Alberto.

La metieron a un hotel, llamaron a Alberto y le dijeron que ellos la tenían, si no pagaba cinco mil dólares para la tarde no respondían por ella, podían dejarla tirada en cualquier lado, sin papeles y nunca sabrían dónde encontrarla.

En fin que hubo que pagar el dichoso rescate y la joven llegó a su destino.

El caso es que Alberto tenía enemigos, cuando la gente hace dinero se acarrea envidias, y cuando es dinero fácil y se lo ganas a otras personas te acarreas más envidias, lo habían amenazado, así que siempre andaba armado y con la pistola al cinto, montada, solo con el seguro puesto para responder en cualquier momento.

La noche anterior Alberto tuvo un sueño extraño, se veía acostado en su cama, al lado de su esposa y de repente se abrió la puerta del dormitorio, entraba una procesión de personas, al principio se le ocurrió ver gente vestida como en los documentales esos donde salen dos o tres personas a cada lado de una especie de silla donde va sentado el jefe de la tribu llevándolo para todos lados, solo que en vez de una silla iban cargando en alto una tabla, la tabla estaba forrada en una tela de muchos colores y en medio había una cabeza humana, horriblemente cortada. Alberto se despertó sudando y con la respiración agitada. Pero poco a poco fue tranquilizándose y recobró el sueño.

Paquito seguía caminando por la acera y vio a la abuelita, su abuelita, su madre y padre, la mujer que lo había criado desde que había sido abandonado por un padre alcohólico y golpeador y una madre sin mayores recursos intelectuales para obtener recursos económicos, no hubo más que quedar al cuidado de la abuela, que con su pensión mal que bien había ido criándolo, ahora era un adolescente pero pronto trabajaría para compensarla de todos sus cuidados, su cariño y su educación, pero hoy estaba de vacaciones y no tenía ganas de ser muy agradecido, quería hacer alguna travesura.

Fue entonces cuando a Paquito se le ocurrió la idea.

Empezó a correr, frenéticamente, desenfrenadamente, quería darle la sorpresa de su llegada, la abuelita era medio sorda y no lo escucharía hasta estar ya lo bastante cerca para sorprenderla, empezó a correr dando zapatazos casi en el asfalto, para hacer la cosa más ruidosa, veía a la abuelita en la ventana del carro platicando tranquilamente y riendo de vez en cuando.

Alberto platicaba tranquilamente con la Abuelita, su esposa estaba sentada en el asiento del copiloto, hablaban del futuro bisnieto, ya le faltaba poco para nacer, tenía ocho meses de embarazo y estaban haciendo muchos planes para el futuro, conversaban plácidamente cuando Alberto vio algo extraño en el espejo retrovisor, alguien venía corriendo muy rápido, como los ladrones que se ven por las calles justo después de robarle el bolso a alguna víctima desprevenida… ¿O era que acaso iban por él? Alberto tomó la empuñadura de la pistola y esperó.

Paquito seguía corriendo, seguramente les causaría gracia verlo llegar corriendo y para coronar podía dar un sonoro grito, un ¡HOLA! O algo así, lo verían llegar y tal vez se asustaran al principio, pero después se alegrarían de verlo, se imaginaba quién estaría en el auto y le daría gusto conversar con el primo mayor, siempre tenía alguna historia interesante para él y más de alguna vez le daba dinero, se estaba acercando cada vez más, ya estaba a cinco metros cuando la abuelita volvió a ver y pegó un grito.

- ¡AY QUE ES ESO!

Lo último que Paquito vio fue el cañón de una pistola y luego nada, negro, muerte…

Alberto reaccionó por instinto antes que por conocimiento, vio la figura acercarse a toda prisa y tomó la pistola disimuladamente, cuando estuvo frente a ellos desenfundó rápidamente, vio la imagen borrosa, pero cuando se esclareció ya fue demasiado tarde, su cerebro ya había enviado la orden a su mano de jalar el gatillo, sus ojos vieron la figura de Paquito, el menor de los primos, uno de los más queridos, pero la señal de sus ojos a su cerebro llegó después que la señal de su cerebro a su dedo.

Había disparado.

Las colas de quetzal se sacudieron espantadas, ahora en vez de chorrear verde chorreaban sangre y sesos, y las macetas trataban de quitarse el peso muerto que les había caído encima.

lunes, marzo 27

QUE QUIERES

¿Qué quieres de mí?
¿Qué quieres, te digo?
Si te lo he dado todo
Si soy la sombra de lo que antes era
Un espectro cansado, moribundo, deseoso de la muerte
Antes no era así, antes todo era amor
Antes significaba mucho para ti
Pero te hiciste más exigente, demandante
Te aprovechaste de mis sentimientos
Y buenos deseos
Succionaste mi sangre, mi vida, mis ganas de vivir
Y ahora soy un esclavo adicto a ti
Y lo peor de todo es que aún así
Aún sabiendo que estoy desesperado y perdido
No encuentro otra salida si no es contigo
De noche, caminando por una calle que entonces no recordaba, vi una luz e instintivamente entré, fui recibido por amigos, estaban viendo alguna película cuyo nombre entonces no recordaba.

Pero había algo extraño, no recordaba nada, ni nombres, ni calles, ni siquiera me acordaba de mí, quién o qué era. Los rostros también cambiaban, parece que ellos tampoco recordaban quienes eran, en un minuto eran jóvenes radiantes y sonrientes, al otro eran ancianos arrugados y amargados, y al otro eran niños, todo estaba volviéndose un poco confuso y decidí mejor salir a tomar aire.

Parece que de tanto recordar (¿o no recordar?) el tiempo había pasado y se había hecho noche, no había luna pero todo se veía extrañamente claro, ya había llegado a la ciudad y había un edificio muy grande que prometía mucho; había que subir once pisos de gradas, pero me daba curiosidad un rótulo muy grande y vistoso aunque no recuerdo qué decía.

Al llegar a los últimos escalones vi hacia abajo y tuve pánico, las gradas eran de acero pero solo había una baranda muy delgada y los escalones estaban un poco separados, afortunadamente no había viento, pero sentía que podía caer en cualquier instante.

Al llegar al último nivel me di cuenta de lo que era, era una iglesia, me acuerdo porque antes de llegar a la casa que no recuerdo había pasado por una de esas, era una iglesia evangélica y estaban en la hora del servicio de la noche. Cuando entré quedé un poco sorprendido al ver a toda la gente que conocía – mi familia y mis amigos –. Por supuesto que no llenaban toda la iglesia, el resto de bancas estaba lleno de gente que no recuerdo.

Era noche de milagros y ese día estaban haciendo muchos milagros, alguien sugirió que yo estaba poseído, lo supo porque me arrancó un mechón de pelo de un jalón y vieron que mi pelo no era eso sino un montón de cartuchos negros, como tubos negros que me habían puesto para succionarme el cerebro.

Me pasaron al frente y me tiraron de bruces, me pusieron frente al pastor del cual no recuerdo ni su nombre, ni su cara, ni su forma, solo era una voz.

El pastor siguió arrancándome finos tubitos como pajillas de la cabeza y dijo “esta es noche de poseídos, y vos no estas poseído, estás aquí porque no la podés olvidar…

Yo me dije “¿no la puedo olvidar? Tal vez, tal vez no la puedo olvidar, sentía el calor de las luces y sentía las miradas de todas las personas enfrente de mí. Pero al final parece que tampoco recordaron nada y salí junto con todos los demás.

Al salir vi las gradas, pero inmediatamente supe que había subido al edificio por el camino difícil, del otro lado del edificio había una calle, con estacionamiento y todo, por donde la gente podía entrar y salir fácilmente sin pasar por el abismo de donde yo había entrado.

Abrí la reja que protegía el estacionamiento de los autos de la iglesia y salí caminando un tanto desconcertado cuando se apareció caminando frente a mí, tenía la apariencia de un perro, pequeño, de orejas puntiagudas y hocico alargado, patas y cuello cortos y musculosos, y unos ojos que tenían una expresión humana. Me miró y sacando la lengua me hizo una mueca espeluznantemente parecida a una sonrisa.

Era él el que había estado jugando con mis sentidos, mis recuerdos, con mi mente, y ahora lo tenía a la vista para darle su merecido, empecé a correr, el sabía lo que venía, y con todas mis fuerzas le di una patada para que saliera volando a la oscuridad…

(Bueno, la oscuridad quedó, pero en otro lugar, estaba en mi cama, con el pie adolorido después de darle una patada al colchón en medio de la noche, a lo lejos se escuchaban ladridos y aullidos de perros…)
Salí a buscarme, debo haberme dejado perdido en algún lado pero ¿dónde? Vamos a ver, tengo que hacer alguna retrospectiva, recordar que fue lo último que hice en las últimas lunas.

- pero ¿Acaso no todas las lunas son iguales?

-Nooo mi querido amigo, algunas lunas son diferentes de otras, algunas lunas son grandes, porosas y rugosas, y te hacen recorrerlas una y otra vez con zapatos pesados y después de un par de vueltas ya estás cansado, otras veces la luna es lisa, y tenés que irte resbalado, pero con cuidado de no agarrar mucha velocidad, no vaya a ser que te caigás de repente y te vayás por otro lado a algún pantano…

- bueno, sí he andado por allí, pero si no estoy allí entonces ¿Dónde?..

– te acordás de aquella niña tan bella de la cual te quedaste colgado en sus cabellos?

– ¡Que si me acuerdo! Anduve allí por días, me cobijaba en sus cabellos y dormía con el aroma de su perfume, y de día andaba arremolinado, como si fuese un capullo, cuando se bañaba me caían cascadas de terciopelo azul y le hacía cosquillas en el cuello, ella solo sonreía y pensaba canciones, yo las veía flotar a mi alrededor.

– ¿Y? ¿No estás allí?

– No, después me sacudió de su cabeza, no quise ver a quién puso en mi lugar.

– Bueno, ¿dónde más has estado?

– He estado flotando en la oscuridad, me hice un lío porque la oscuridad es como una gran pared con muchas puertas, pero todas las puertas dan para un mismo lugar, igual de oscuro que el anterior, hay un silencio ensordecedor y siempre tuve la sensación de que había alguien más a mi lado, pero nunca supe.

– Tal vez era tu sombra.

– Ahora que lo pienso mi sombra me estaba jugando una broma, quería hacerme saber qué se sentía ser sombra por un día.

– Ajá

– Después quise desdoblarme, ya sabés, separar mi cuerpo de mi alma, logré sacar mi alma de mi cuerpo, pero me perdí por un instante después de dejarme llevar por espíritus danzantes, ahora que recuerdo, me parece haberme visto entre algunos espíritus

– Entonces ahora sos un espíritu danzante

– Sí! Ya recuerdo! Estoy danzando, pero no se adónde voy, me llevan hacia algún lugar que no es oscuro, pero donde se ve todo como de noche, comosi todo estuviese dormido todos estuvieran soñando

– Soñando?

– Soñando

– Soñando?

– Estoy?

(El despertador sonó entonces, y pegué un brinco en la cama con una sensación de hormigueo en los brazos, me había quedado dormido boca abajo y con los brazos cruzados, pensando estar enredado en su cabello…)
Te he llamado
En mis noches locas de insomnio y delirios
En un estado febril entre vigilia y sueño
Y sueño contigo, sueño que me amas
Sueño que siempre estarás conmigo

Y entre sobresaltos despierto, sudando tu nombre
Y me lleno de frustración
Porque aunque hace muchos años
Que no te veo ni se nada de ti
Aun me persigue tu sombra
Aun eres dueña de mí

Y no quiero salir, no quiero saber
No quiero pensar en otra cosa
Porque sería distracción y ocio
Solamente quiero estar solo
Y torturarme en mis recuerdos

sábado, marzo 25

Tarde de noviembre, curiosamente el sol ilumina todo a mi alrededor, aunque en realidad se merece tener un mejor paisaje para iluminar, en vez de la gris ciudad, los edificios indiferentes y la gente aun más indiferente ante el mundo que los rodea, aunque no a sus mundos interiores, internos e infinitos.



En realidad no tenía gran cosa que hacer, pero había desfile, cerraron el periférico y tuve que caminar un par de kilómetros para llegar a mi destino. Afortunadamente el clima estaba despejado, hacía calor y la gente le daba a la calle un aire de fiesta muy interesante, hasta se me quitó el miedo de ser asaltado por alguno de los drogadictos mareros que deambulan por la ciudad sin más interés que conseguir dinero, celulares o lo que fuere para poder cambiarlos por la próxima piedra de crack, a costa incluso de la vida misma de los asaltados o de ellos mismos si se encuentran a un ciudadano armado. Pero eso es otra historia.



En fin, llegué a mi destino, hice lo que tenia que hacer; un trámite sin mayor importancia pero que eventualmente tendría que hacer, y me dirigí hacia la calle nuevamente a tomar el bus que me llevaría a mi casa.



Entonces la vi bajar las gradas; solo fue algo fugaz, pasajero, pero me pareció haberla visto en algún lado, dicen que hay siete caras iguales en el mundo, tal vez sea una exageración, o tal vez sea que hay rasgos comunes en las personas que se nos hacen reconocibles y atractivos (También deben haber reconocibles y repulsivos, pero ¿Quién va a querer recordarlos?).



Pasé algún tiempo esperando el bus que no llegaba, al final apareció cansado, refunfuñando humo y vomitando gente, no queda de otra, son los brillantes buses de la ciudad de Guatemala.



Abordé el bus, en la modorra de la media mañana, con el aire frío y el sol se creaba un contraste de clima muy agradable que invitaba a adormecer, a ensoñar, a fantasear. El bus iba lleno y tenía que colgarme del techo del bus o agarrarme de las orillas de los asientos para mantener el equilibrio.



Pasaron unos minutos mientras veía el asfalto gris pasar frente a mis ojos cuando en un movimiento de personas que bajaban, subían y se acomodaban alguien se detuvo a mi lado, volví a ver a mi costado y era ella… la misma que había visto pasar minutos antes, había dado la casualidad que subiera al mismo bus que yo.



La veo, ella ve el horizonte, la mirada fija, perdida en un asfalto que no promete ni cumple nada, gris, neutral, que ni quita ni pone, aunque pensándolo bien, lo que no pone quita. Nunca ganará un concurso de belleza, no la persiguen a piropos ni le chiflan por la calle, y sin embargo tiene algo que me atrae, es una mujer de verdad, su cabello castaño caía sobre sus hombros jugando círculos ajeno a la realidad que le rodeaba; sus ojos cafés cristalinos reflejaban la luz a los alrededores; su rostro blanco, un poco pálido, muestra una piel delicada y suave; sus manos son pequeñas, los dedos cortos, las uñas no son muy largas pero lucen limpias y solo tienen un toque de brillo; sin embargo su boca denotaba seriedad, desesperanza si se quiere.



¿Qué estaría pensando? ¿Problemas económicos, familiares, sentimentales? O tal vez es la simple indiferencia que nace después de subir a uno de nuestros insípidos buses y comprobar que no somos más que un rebaño de corderos que se mueven todos los días en la misma dirección pero nadie sabe adónde va.



De repente una nube de fantasías, una tormenta de presentes inciertos y futuros imposibles empezó a danzar en mi cabeza, la imaginaba en su casa, su familia… tal vez sea soltera; tal vez espera con ansias a esa persona que llegue a hacer de su vida algo con sentido, o tal vez está aburrida de vivir el sin sentido de la vida cotidiana; no es precisamente que una compañía le de sentido a la vida, a veces solo la complica más de lo que ya es. Pero igual, no me importa, quiero ser parte de la fantasía, quiero dejarme llevar, ser parte de su vida, conocerla, saber dónde vive, qué hace, que secretos esconde, cuál es la razón tras esa mirada melancólica y triste, no quiero quitarle la tristeza, solo quiero saber el motivo y acompañarla, llorar juntos tal vez… ¿Y si la saludo? Le hago cualquier comentario acerca del clima, de lo lleno que viene el bus, cualquier cosa, cualquier estupidez para romper el hielo, tengo que decirle algo.



De repente voltea y me mira; no me he dado cuenta y me la he pasado absorto viéndola fijamente de costado por casi 30 minutos. No me miró mucho tiempo, tal vez medio segundo, pude ver la profundidad en sus ojos, un océano de preguntas e interrogantes, una vida de dudas que quedarán sin respuesta.



Me vio directamente, por medio segundo, luego siguió de largo.



Se acercó a la salida del bus, sus facciones no cambiaron por un segundo; ninguna emoción, ningún sentimiento que se lograra escapar de su rostro. Solo vi sus ojos. Se bajó y siguió caminando sin volver atrás. Y yo me quedé parado con la certeza que nunca más la volvería a ver.

NO QUIERO

Hoy no quiero saber de mí

Y sin embargo me pierdo

Donde? En mi mismo

Por esconderme me adentro más en mi cerebro

Y me encuentro en laberintos

Retorcidos, inclinados

Empinados hacia algo más profundo

En una espiral descendente que no tiene fin;

Despierto y encuentro mi rostro bañado en sangre

¿De quién? ¿De dónde? No lo se, quiero ver y mis ojos solo ven rojo

¿Los he perdido?

Da lo mismo, da igual, ver la misma monotonía de siempre

Que quema

Que calcina

Los mismos prejuicios, las mismas imágenes

Los estándares socialmente aceptados

Y los que no lo son… ¿porqué no lo son?

Si fuera diferente querría ser el mismo

Y si fuera el mismo querría ser diferente

La inconformidad me tortura y mortifica

Simplemente por el aburrimiento de ser yo mismo

De buscar una identidad

De importar conceptos y tratar de aplicarlos a mí mismo

Cuando yo soy en mí mismo un concepto

¿Porqué nos vestimos de mentiras?

¿Porqué somos condescendientes y amables?

Hoy no quiero ser amable

Solo quiero encerrarme

En mi propio laberinto.

SI VOLVIERAS

Si volvieras

sería el mismo de siempre

serio, apático, simple

sincero hasta el cinismo,

sería el mismo tipo práctico

sin complicarme la existencia



Si volvieras

seguiría todo igual

mi casa, mi trabajo, mis amigos

mis gustos, mis aficiones,

mis delirios de grandeza y mi impotencia

por cambiar un mundo que camina de cabeza



Si volvieras

mi amor, sería el mismo

extraño, bizarro, impredecible

seguiría muriendo por causas perdidas

seguiría luchando por lo imposible



Si volvieras

no cambiaría absolutamente nada

porque yo nunca cambié, fuiste tu

la que se fue del aire

la que me dejo aquí solo



Y sin embargo te espero

como un idiota hipnotizado

con la esperanza de un futuro que no existe

recordando un pasado que se esfuma entre mis manos
  1. EL PUENTE

    Era la misma cosa todos los días desde que regresé del puerto.

    Salir a media tarde bajo el sol abrasador, caminar sobre el cemento, el asfalto o la tierra según me fuera acercando, el cemento de la acera, el asfalto de la carretera y la tierra cercana al puente, a los pocos metros, no había nada que hacer y ese era el problema.

    El paisaje, por lo demás, no era tan monótono; salía a las calles de la colonia viendo las fachadas de las casas, lo que comenzó a principios de los ochenta como un área residencial ordenada, donde todas las casas eran iguales -un garage en el frente con su pequeño jardín a la par, atrás del garage se encontraba la sala y después del jardín la cocina, en medio el comedor y hasta el final, el baño y tres cuartos medianos-. Al menos así empezaron, después los garages se agrandaron, construyeron segundos niveles, unieron casas, hubo quienes tiraron toda la construcción para hacer una completamente nueva, en fin, las familias fueron prosperando y ahora se podían ver algunas verdaderas mansiones con jardines colgantes al frente, portones eléctricos, estacionamientos para varios automóviles y niños fresas conduciéndolos.

    Mi casa permanecía igual que hace veinte años.

    (No es que no haya hecho esfuerzos para superarme, terminé el bachillerato con muy buenas notas, mi primer año en la universidad fué muy bueno, pero al final del segundo semestre empezaron las juntas: Marlon y Luis, nos volvimos inseparables, no era que fuésemos unos borrachos o drogadictos, pero si éramos unos vagos, en vez de ir a clases nos íbamos a comer algo y a jugar cartas a la cafetería, cuando no teníamos dinero nos íbamos a la facultad de de odontología o farmacia a ver a las alumnas, nos sentíamos tan patéticos que ni siquiera le llegamos a hablar a ninguna mujer, caímos en un estado cercano a la misoginia, en la facultad de Ingeniería de la Universidad de San Carlos de Guatemala la asistencia femenina era muy escasa y las pocas mujeres que habían eran bastante raras, nos llegamos a sentir casi vegetales de la sociedad hablando estupideces y preocupándonos cada vez menos en estudiar, a veces tocábamos temas deprimentes, hablando muy a menudo de problemas existenciales, de Borges y sus laberintos, de mundos paralelos, superiores o inferiores, la lectura era lo único interesante que hacíamos y pasábamos bastante tiempo en la biblioteca. Así pasábamos nuestros días.)
    Ya había pasado por el cemento, por la acera, seguía mi rumbo de siempre, antes caminaba por otros caminos, visitaba otros lugares más alegres, sólo por salir a dar un paseo, para matar el tiempo. Ahora siempre voy al mismo lugar, siempre con el mismo pensamiento, siempre con la misma idea fija en la mente, siempre buscando un desahogo de algo que se atora en mi garganta deseando salir a gritos, el único alivio al dolor que me quema las venas es salir bajo el sol abrasador y quemarme el pellejo sin ningún motivo, llegar al puente y quedarme allí viendo al vacío…

    (La situación económica seguía mal, primero las tarjetas de crédito de mi padre, un señor que tuvo un negocio floreciente pero cuya adicción a los juegos de azar lo había llevado a la ruina, después de las tarjetas de crédito decidió unificar su deuda y tuvo que hipotecar la casa, ahora ya había salido de esa deuda pero había una deuda que pagar y una casa que salvar. Un día me dijeron mis padres “bueno mijo, vas a tener que buscar un trabajo.” Tuve que empezar la búsqueda, debo confesar que la idea no me atraía en un grado sumo; en realidad estaba aterrado de la sola idea de salir de mi estado actual de letargo físico y mental y que esa misma inutilidad se viera reflejada en cualquier trabajo que intentara desempeñar. “Si sabés computación”, “si podés hablar inglés”, “si a los tres años ya podías leer y escribir” me decían, pero, ¿de qué te sirve saber de todo si no tenés el valor para afrontar la vida y sus responsabilidades?, ¿de qué me servía saber cualquier cosa de computadoras si lo único que hacía era jugar con ellas hasta tener los ojos rojos? ¿o saber inglés cuando lo único que hacía era ver televisión por cable y escuchar música heavy metal? ¿de qué me servía haber leído tanto? Los libros, los dichosos libros, lo único que había hecho con tanto libro había sido confundir mi mente, es bueno tener un cierto nivel de “mente cerrada”, es bueno tener un grado de firmeza de convicciones, leí tanto y de tantas cosas que terminé con mi mente y mi conciencia totalmente violada, como cuando agarrás un cangrejo y le separás las tenazas hasta rompérselas de modo que después ya ni abren ni cierran, pensando que todo tiene un lado bueno y un lado malo, y eso me dejaba allí en el medio, nada es bueno, nada es malo, la tierra ejerce su fuerza de gravedad sobre el sol y viceversa, demasiada luz te ciega y demasiada oscuridad también, todo el universo está en un punto equilibrado, entonces ¿Porqué luchar? Nuestra existencia tiene un nacimiento y eso se neutraliza con la muerte, todo lo que se haga en el intermedio queda neutralizado con el acto final, el polvo vuelve al polvo, el universo comenzó con una gran explosión y eventualmente todo se va a comprimir hasta un solo punto inicial).
    Ya había llegado al caminito de tierra, ya había pasado la acera y el tramo de autopista, en la autopista hay que tener cuidado porque los carros pasan tan rápido que uno siente que lo levantan a uno solo con el aire que desplazan y tan cerca que tiene uno que pegarse al paredón (algo raro que me importara algún accidente teniendo un plan tan macabro preparado), después se ensancha la vereda hasta llegar al barranco, abajo del puente se han hecho asentamientos, la gente ha llegado allí a hacer sus casas, primero de cartón y madera, ahora podían verse paredes de block y láminas de zinc en el techo, hasta ellos habían progresado.

    (Empecé a enviar mi currículo a empresas que solicitaban empleados, no sabía ni de qué quería trabajar, la primera vez que me llamaron era para una empresa que necesitaba representantes de ventas, no tenía ni idea de qué vendían pero como me estaban presionando en la casa fui casi a empujones vestido con el traje de mi graduación que había estrenado dos años antes. Al llegar a la puerta de la oficina me llené de un terror tal que no hice más que seguir de largo, me puse a darle vueltas a la manzana mudo del miedo y después de una media hora emprendí el camino de regreso a casa. Al regresar todos me preguntaban “cómo te fue” y yo “bien”, y ellos “y de qué es el trabajo”, y yo “de vender calentadores”, y ellos “y cuánto te van a pagar” y yo “pues quedaron de llamarme para decirme”. Por supuesto que nunca me llamaron, ya después me armé de valor para ir a otras entrevistas, esta vez de verdad… tampoco me llamaron.)

    Había llegado, era el puente Belice, grande, callado, al paso de los furgones y otros vehículos por allí oscilaba la superficie, eso lo comprendía porque sabía algo de elasticidad de materiales, al menos no salí tan idiota de la universidad, sabía que para que una estructura tan grande como un puente que se mantiene suspendida en el aire no se quebrara debe tener cierta flexibilidad para resistir el peso y la tensión que se ejerce sobre él, sigue las mismas condiciones de una regla de plástico pequeña, si fuera demasiado rígido se rompería sin avisar y eso mandaría al suelo el puente con todo lo que se encuentre encima de él, también hay que notar que un impulso continuo puede hacer que el puente entre en una oscilación armónica y se destruya, y es por eso que los soldados no deben cruzar un puente marchando por ejemplo, pero eso es otra historia.

    (En fin, el esposo de una mi prima consiguió un trabajo como gerente de operaciones de una empresa pesquera en el puerto de Iztapa de Escuintla, en la costa del pacífico de Guatemala, un lugar precioso, tenés el canal de chiquimulilla allí nomás donde podés ver cuán imponente puede ser la naturaleza, el agua del canal corre serena entre las mareas ascendente y descendente arremolinándose entre las raíces de los manglares, los mangles crecen en la orilla fangosa del canal. Hay que tener cuidado al querer caminar por la orilla, es demasiado resbalosa y blanda, yo creo que hasta se podría hundir alguien que quisiera caminar por la orilla. El manglar es el hábitat para cantidad de aves: garzas, azacuanes, loros, pericos, zanates, gavilanes, pijuyes. Después están los reptiles: iguanas verdes de dos metros de largo y garrobos grises de un metro tomando el sol, cantidad de otros reptiles entre lagartos, lagartijas, camaleones, ranitas verdes de unos diez centímetros de largo, con piel brillante y patas pegajosas para caminar sobre cualquier superficie; sapos enormes que parecen a punto de reventar de gordos; en la noche murciélagos e insectos, mosquitos, zancudos, palomillas, arañas, alacranes, mezclado todo con el sol ardiente y el aire salino del mar cercano, los animales comiéndose unos a otros según su orden en la cadena alimenticia, incluidos los humanos, en fin, una verdadera ensalada tropical caliente y húmeda).

    Me gustaba quedarme viendo al vacío desde la mitad del puente, es un lugar necesitado y temido al mismo tiempo, necesitado porque es la más importante vía de comunicación con el nororiente de la república, saliendo de la ciudad de Guatemala, pasas unos cuantos municipios y ya estás rumbo a El Progreso, Chiquimula, Zacapa, Alta y Baja Verapaz, Petén, etc. Temido por el simple hecho de ser un puente, una estructura hecha por el hombre y por lo tanto susceptible de imperfecciones, en cualquier momento podía caerse, o algún terrorista le podría poner una bomba, amén de los suicidios y los muertos que resultaban al fondo del barranco producto de la violencia en el país. Además, siempre está el miedo a la altura, es raro ver personas caminando a pie por el puente a menos que tengan mucha necesidad de hacerlo, la oscilación y el viento pueden ser muy fuertes, y el vértigo al ver hacia abajo es suficiente para que el paseo no sea algo muy placentero.

    Hace algún tiempo algunos aficionados a deportes extremos decidieron hacer sus saltos “bungee” desde el puente, era algo de verse, un montón de gente con ansias de adrenalina amarrados a una cuerda saltando al vacío, cobraban algo así como cincuenta dólares por hacer el salto, algo caro para el ciudadano común pero digno de pagar para cualquier aventurero aficionado a emociones un poco fuertes, a mí me hubiera gustado mucho saltar.
    Pero ahora me atraía el salto de otra manera, el salto al vacío sin retorno, el gran salto, el retorno al principio, con eso se acabarían mis problemas, sería al fin libre, ya no tendría que rendirle cuentas a nadie de mis actos, se acabaría este dolor del alma.

    (La oficina del puerto no era más que un furgón con aire acondicionado a la par del muelle, un par de divisiones y el mobiliario suficiente, al entrar encontrabas la oficina de radio que es donde se comunican los barcos ocupados en las faenas de pesca y los empleados en el muelle, después de la oficina de radio estaba la oficina administrativa y después, la oficina del gerente – mi primo político –. Yo era el encargado de las planillas, cosa de por sí sencilla a excepción de la temporada de veda del camarón –un período que abarca desde Mayo hasta Julio que es cuando desova el camarón –, entonces se emplean cantidad de peones de mantenimiento para los barcos que, debido a la prohibición de pesca, se mantienen varados en el muelle, las instalaciones verdaderamente grandes de la planta eran, de mayor a menor, la bodega –criadero de tacuazines y demás roedores-, el taller de mecánica, el taller de redes, el dormitorio del gerente, el del subgerente y el comedor. El horario de trabajo era de las siete de la mañana a las cuatro de la tarde, pero nadie en la oficina se iba hasta las seis, además, la casa de los empleados estaba a la par de la planta.)

    El salto… el salto… ¿debería saltar?, siempre me asaltaban las dudas, me imaginaba pasando encima de la baranda, ya en la orilla solo me hacía falta soltarme de la misma y saltar al vacío, me imaginaba (en cámara lenta) con el aire golpeándome la cara viendo el suelo acercándose a la aceleración y velocidad de mi caída, con los brazos y las piernas abiertos formando una estrella humana.

    “Estrellado voy a quedar” pensé, pero, ¿y si me arrepentía? Me veía a mí mismo otra vez en cámara lenta dando vuelta en el aire hasta quedar boca arriba y ver una vez más al puente alejándose cada vez más y fijaba la vista en la orilla preguntándome a mí mismo…¿y si no me hubiera soltado? ¿y si todo mejoraba? Todo puede mejorar, hay veces que cuando uno toca fondo es cuando precisamente empieza a escalar en la vida, ¿y si en verdad no soy tan inútil como pienso?

    (Pasé ocho meses trabajando en el puerto, al principio todo estaba bien, pero después empecé a sentir nostalgia por mi casa, mis amistades y mi forma de vida, me había acomodado al hecho de que mi primo político no me despediría, pero mi indolencia era más que evidente y el gerente general se dio cuenta rápidamente, debo decir que me soportó por buen tiempo, debido a la misma protección de que era objeto, cometía errores realmente absurdos, por ejemplo en el cálculo de los pagos de los empleados, se me olvidaba registrar a los que acababan de ser enrolados, varias veces se atrasaron los pagos por mi culpa, cometía errores al hacer los cheques y tenía que tirarlos a la basura e incluso una vez me robaron un par de cheques en blanco para cambiarlos en el banco, en fin, un buen día que mi jefe se había ido a El Salvador en un viaje de negocios llegó el gerente general y me dio mi carta de despido. Literalmente decía “Usted ha demostrado falta de colaboración, irresponsabilidad y poca habilidad para desempeñar el puesto que se le ha encargado” entre otras cosas. Ya lo veía venir, era lo que estaba buscando, que me despidieran, ya estaba aburrido de trabajar allí, hice mi maleta y regresé a mi casa.)

    Seguía apoyado en el barandal del puente, miraba fijamente al fondo del barranco y me repetía a mí mismo “sos un cobarde, no tenés ni siquiera las pelotas para saltar de una vez y acabar con tu vida miserable, no podés relacionarte con la gente, no podés ni siquiera buscar un trabajo por tu cuenta y mucho menos mantenerlo, no podés conseguir una novia siquiera para un rato porque no te considerás lo suficiente hombre como para satisfacerla, no valés nada, si te pegaran un tiro no valdrías ni siquiera lo de la bala, ¡Y no tenés el valor para tirarte del maldito puente!”. Me repetía esta letanía mentalmente para torturarme y para darme ánimos para saltar, las lágrimas empezaron a brotar de mis ojos, apretaba los dientes con furia, apretaba con las manos el barandal del puente, quería tirarme, lo iba a hacer…

    ¿Y si me arrepiento? ¿Y si todo cambia? De todos modos mañana será otro día. ¿Qué debo hacer? – las piernas me temblaban –, respiré profundamente varias veces. Después de un buen rato me dije “no, esto no es correcto, tenés que darte ánimos Marco, tenés que demostrarle a todos y a vos mismo principalmente que sí tenés lo suficiente para triunfar, que podés hacer lo que querrás y si lo hacés con ganas te puede salir bien, si se hacen las cosas con esmero podés ser alguien en esta vida, podés tener una vida normal, un trabajo decente, casarte, tener una familia, hijos, poder criarlos y mantenerlos, si otros lo han hecho ¿porqué yo no? Otras personas en peores condiciones han logrado salir adelante, solo te falta un poco de motivación, buscarle el lado positivo a las cosas y ya vas a ver que todo va a salir bien”.
    Limpié las lágrimas de mi rostro y me volví al camino de regreso, con una sonrisa en mis labios y diciéndome “mañana seré distinto, mañana seré otro, seré mejor y más fuerte…”




    La noticia se regó casi inmediatamente, a pesar que él no lo sabía, era medianamente conocido en la colonia. Varias personas fueron testigos de su muerte, como pudieron, dieron parte a las autoridades respectivas, llegaron los bomberos a constatar su muerte, a todo esto ya había una gran cantidad de curiosos observando la escena. No había nada que hacer excepto esperar la llegada del juez de paz de turno a levantar el acta de rigor y que se llevaran el cadáver (o lo que quedaba de él).

    Unos días después, Carlos y Marlon, dos compañeros que tenían mucho tiempo de no saber de él sostenían conversación en la universidad:

    - Vos Marlon, ¿supiste lo que le pasó a Marco?

    - ¿Que lo atropelló un trailer? Si vos, que grueso. – Respondió Marlon

    - Dicen que iba camino a su casa, en el tramo de carretera que hay entre el puente Belice y la colonia Atlántida, como no hay acera tuvo que caminar por la cuneta y el trailer se le vino encima con todo, parece que iba sin frenos y le pasó todas las llantas encima. Lo que nadie sabe es qué estaba haciendo allí – Dijo Carlos.

    - ¿Te acordás cómo hablaba acerca de suicidarse? ¡Qué burro! Bien dicen que tenés que tener cuidado con lo que deseás, no vaya a ser que se te cumpla…






    Guatemala, 27 de Octubre de 2002