miércoles, mayo 14

Sci-Fi

Al parecer a los latinoamericanos no les gusta mucho escribir acerca de ciencia ficción. Aunque he visto algunos ejemplos recientes del género, se van más por otros géneros como la novela histórica, romántica, o la muy popular en éstos días narconovela. Mucho de esto, claro está, con la consabida denuncia social que nunca falta. Lo que más se le acerca sería lo fantástico aunque no es lo mismo.

La ciencia ficción tiene sus reglas. La número uno es que tiene que estar basada en hechos científicos. A partir de ésto por lo general ubicarse en algún lugar en el futuro cuando la tecnología en la que se basan éstos hechos ha evolucionado y dado lugar a situaciones que podrían ser o no reales.

Digamos, por ejemplo, que tomamos una computadora. Todos sabemos que las computadoras actuales funcionan con microprocesadores; placas de silicio con circuitos de cobre que en esencia pueden almacenar corriente eléctrica, y luego hacer operaciones simples como sumas y restas.

El asunto es que si se tienen suficientes circuitos (varios millones) Se puede tener un procesador programable, que puede ejecutar varias funciones que, aunque no sean ejecutadas simultáneamente, pueden ser ejecutadas en una sucesión lo suficientemente rápida como para hacerlo ver así.

El problema en la actualidad es que la miniaturización tiene un límite, y estamos llegando a ese límite donde el material mismo que es utilizado para transportar los electrones se ha hecho demasiado delgado y ofrece demasiada resistencia. Estamos hablado de un cable del grueso de unos cuantos átomos.

Sin embargo el ingenio humano está trabajando al respecto y ya se está trabajando en computadoras cuánticas, que trabajan directamente con partículas atómicas, son mucho más eficientes y almacenan mucha más información.

Suponiendo que tenemos esta premisa, prosigamos a ponerle un escenario.

Ya que tenemos un papel en blanco podemos pensar que tenemos a un tipo, llamémosle René, digamos. También digamos que René trabaja en algún instituto de avanzada para el desarrollo de nuevas tecnologías para hacer más creíble su inclusión en esta historia.

René es un pionero. Es decir que en éste punto la tecnología está aún en desarrollo, no tanto como para ser una generalidad conocida por todos, pero lo suficiente como para que en éste instituto René sea uno de los directores del proyecto de investigación para un cerebro cuántico.

Luego viene el robot en sí. Un robot puede ser cualquier máquina diseñada para hacer un trabajo rutinario que cualquier humano podría hacer, pero debido a su naturaleza se vuelve repetitivo, aburrido. El ser humano tiene sus limitaciones; no puede trabajar las veinticuatro horas del día. No puede tener la misma precisión todo el tiempo. Tiene que trabajar en una posición adecuada para no lesionarse, lo que provocaría pérdidas en la productividad. Esa fue la razón por la que se inventaron los robots.

Básicamente lo que René y su equipo ha estado buscando es un cerebro cuántico lo suficientemente potente para ser usado en una nueva generación de ciber-sirvientes.

Los nuevos robots R.U.D.Y.N. (Robot Utilitario Día y Noche) estarían a servicio en hogares de gente muy rica que se mantenía muy ocupada trabajando, siendo estrellas de rock o haciendo cualquier cosa que generase dinero suficiente para pagar uno de éstos. Deben estar alerta a toda hora y tener la capacidad de memorizar recetas de cocina, mantenimiento de las instalaciones eléctricas y plomería, así como poder entretener a gente de todas las edades, desde contar cuentos a niños, pasando por enseñar cualquier idioma a y materia a estudiantes de primaria y secundaria. Hasta clases avanzadas de matemática, física y... bueno, ya entienden, cualquier clase universitaria.

Además deben tener buen equilibrio para poder alcanzar todos los rincones de la casa y limpiarlos usando las herramientas adecuadas. Algo crucial es que, el robot en sí no posea herramientas especializadas, puesto que ésto complicaría significativamente su construcción, y, en todo caso, no lo haría más útil. Es mejor tener buena memoria para saber dónde se dejó un desarmador que andar todo el tiempo con un desarmador incorporado que se va a oxidar por falta de uso.

Pero René tenía más que un simple interés científico en este cerebro cuántico, tenía un propósito oculto para él.

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