sábado, julio 28

CUATRO CAMINOS


Era un cruce cualquiera, es decir, cualquiera para las personas comunes y corrientes, pero para Charol era un cruce de cuatro caminos muy importante. Esa noche podría al fin develar el misterio.

Todo empezó nueve lunas antes… bueno, nueve y media para ser exactos, la noche en la cantina del pueblo donde los miembros de la mara tomaban y se dedicaban a burlarse de don Dámaso; uno de los viejos vagos que ahogaba sus últimos años en aguardiente barato. El viejito se sentía de cierta forma en familia con los jóvenes que lo animaban a contar sus historias. Ellos se reían de sus ocurrencias, pero Charol le ponía un poco más de atención.

- ¡Miren pues, muchá! - Decía animado por el alcohol. – Hay formas de hacerse de plata, formas de hacer pisto, pero ustedes son bien brutos para entender.
- No hombre, cuéntenos – lo aupaban.
- Miren pues, pero no se vayan a burlar.
- No si ya le dijimos, queremos saber – reían todos.
- Miren pue… - respiraba profundo pensando sus palabras, desenmarañando recuerdos de algo borroso que no sabía si lo había vivido o lo había inventado

Todos quedaron callados

- Tienen que pintar al diablo – dijo.
- Todos irrumpieron en risas.
- ¡Les dije que no se rieran! - Decía el viejo entre serio y contagiado de risa – tienen que hacer un dibujo del diablo, así grande en la pared de su casa, si quieren pueden ponerlo medio escondido para que no lo mire nadie más.
- ¿Y usted ya lo hizo? Le preguntó el Happy, un miembro de la mara alto y corpulento.
- Huy no, Dios me guarde ¡Jajay! yo les digo para que lo hagan ustedes si se animan.

Y vuelta a la risa

- Viejo maricón, anda diciendo las cosas y no las hace
- Pues no te voy a decir lo que he hecho, pero ahí vean ustedes.
- Va, pintamos al chamuco y de allí qué.
- Tienen que llegar todas las noches y echarle agua y hablarle, ¡Pero bravos! “¡Dame dinero vos o te voy a seguir echando agua, vos que vivís entre el fuego, dame pisto y te dejo de joder! Tienen que gritarle así duro para que entienda, ahí van a ver que les va a dar plata.
- Si y yo me chupo el dedo.
- ¡Coman mierda pues!

Nueve lunas y media habían pasado después de esa noche, nueve lunas y media desde que todos dejaron al viejo loco hablando solo se le acercó a Charol.

- A vos te voy a dar un secreto también. Porque me invitaste este octavito.
Según recuerda Charol ese octavo le valió el secreto. Total, no tenía nada que perder.

¿Por qué le decían Charol? Parece obvio ¿No? Bueno, era moreno oscuro, aunque no pareciera negro de raza, tenía rasgos de blanco pero color negro, desde que tenía uso de memoria recordaba que le decían Charolito, nunca le molestó así que ya era como su nombre de pila.

Esa noche era negra también, era luna nueva así que las estrellas regalaban un espectáculo increíblemente hermoso. Era el lienzo magnífico de un pintor celestial con chispazos de estrellas fugaces, Charol vio al cielo un momento y pensó todo lo que se perdía la gente en las ciudades con el alumbrado público, aquello era realmente majestuoso.

- Tenés que agarrar un gato negro – dijo el viejo bocón-. ¿Qué por qué un gato negro? ¿Por qué vos sos negro? Qué te importa, así tiene que ser, un gato negro porque tiene que ser negro y ya.

Tomó, pues, un gato negro.

- Tenés que buscar un cruce de cuatro caminos. Claro que tiene que ser algún cruce donde no pase mucha gente, si no te miran y se te sala la cuestión. Tiene que ser en luna nueva.

Charol se abstuvo de preguntar por qué en luna nueva, las cosas son como son y punto.

El chiste del diablo pintado en la pared se le hacía de mal gusto, pero entre otras cosas el viejo tenía algunos momentos de aparente lucidez. En algún momento le habló de Maximón (también conocido como San Simón, un “falso santo” venerado en algunos municipios de los departamentos de Sololá y Chimaltenango, pero eso es otro cuento…).

Hubo que preparar un fogón, con ciertas hierbas que don Dámaso le diría a Charol: “Ramas de taray, cola de caballo y uña de gato, no de los animales, sino de las plantas. También no se si has visto una planta que crece en las orillas de algunos arriates, la fruta es espinosa y adentro están las semillas, le dicen vuelveteloco. Agarrá unos cuantos de esos pero cuidado te picás que allí mismo vas a averiguar porqué le dicen así.”

Tomar al gato, meterlo en la olla y cocerlo en seco hasta que quedara en le puro hueso era la parte difícil. Primero mantener al gato adentro de la olla y taparla bien, ponerle un par de ladrillos o piedras pesadas encima para que no escapara. Soportar los gritos de desesperación del animal; al principio era un siseo de desesperación y furia, escuchó las uñas rascando el metal hasta el cansancio. Luego unos gritos desesperantes, guturales, casi humanos que erizaban el pelo y helaban la sangre. Hasta llegar a los últimos estertores que se confundían con la piel reventando en ampollas hirvientes.

Luego nada.

Después de la muerte del animal soportar el olor a quemado. Además ¿cuánto tiempo? Para eso tenía que destapar la nauseabunda olla y observar los restos.

Luego enterrar los restos con todo y olla y esperar nueve lunas.

- ¿Qué vas a hacer si funciona? Dijo el viejo
- Ahh por ahí tengo algunos planes
- ¡Verdad que sos un pícaro! En alguna patoja andás pensando
- Usted es el pícaro – respondió Charol un poco molesto, no quería que el viejo lo tuviese en tan baja estima. Yo sé lo que voy a hacer.
- Va, ta bueno, ahí ve vos.

Había llegado el momento de desenterrar la olla. Charol no sabía exactamente qué esperar. Había dejado una señal – una corta varilla de hierro enterrada hasta que solo quedara la punta sobresaliendo a medio centímetro de la superficie. Lo suficientemente disimulada para que nadie la tomara en cuenta. Le costó un poco encontrarla pero al hacerlo el resto fue fácil. Rascó despacio con la pala hasta tocar la tapa de la olla.

Eran las dos de la mañana, Charol se alumbraba con una lámpara de gas. Sacó el otro instrumento que lo acompañaba en su bolsa y lo colocó frente a él. Las palabras del viejo hicieron eco en su cabeza: “Sacá los huesos y ponelos en un trapo, tené listo otro pañuelo para poner los que ya hayás probado. Acordate que solo un hueso te va a servir”.

A pesar que habían pasado nueve meses, la putrefacción había hecho efecto y los huesos estaban sueltos, todavía quedaba algo del olor nauseabundo a muerto, a gusanos. Charol no pudo evitar llevar un trapo extra para limpiar los huesos mientras los probaba.

“Tenés que probar los huesos, uno por uno, ponételos entre el colmillo y la primera muela del arriba a la izquierda; sostenelos allí y detenelos con la lengua. Tenés que hacer esto hasta que encontrés el hueso bueno”.

Por un momento dudó… pensó “Esto es ridículo, yo no creo en estas cosas, y el viejo loco ¿Por qué no lo hizo él mismo? De haberle resultado sería millonario y no tendría necesidad de estar mendigando guaro. Pero ni modo, ya estoy aquí y no tengo nada que perder”.

En realidad Charol no tenía mucho que perder. Lo habían echado de su casa hacía un par de años, después que su familia se hartó de sacarlo de la cárcel y aguantar sus borracheras, delirios narcóticos, escándalos en vía pública y acusaciones de vecinos y amigos. Ahora vivía acompañado de sus compañeros de pandilla en una casa en un asentamiento humano, con paredes hechas con corteza de árbol y techo de lámina. Su vida pasaba entre asaltos con arma blanca, cerveza, cárcel y luchas con la pandilla contraria. Las visitas al centro preventivo ya eran rutina, era conocido de los policías que lo dejaban ir cuando sus compañeros le pagaban la fianza con dinero robado. Nunca había parte acusadora pues todos sabían que quien acusaba podría ser víctima de terribles represalias.

Así que Charol no tenía nada que perder.

Sin embargo, no sabía que los gatos tienen doscientos treinta y tres huesos, la mayoría en la cola. Empezó la rutina; tomó uno, lo limpió y se lo puso entre colmillo y premolar. No pasó nada, puso el hueso en el pañuelo vacío, tomó otro hueso para repetir el proceso. Nada, luego otro hueso, nada.

El mismo proceso se repitió ciento setenta y dos veces.

Mientras, Charol pensaba en las posibilidades; ¿Sería cierto? Y si lo fuese ¿Qué haría? Se le ocurrían muchas cosas. Primero hacerse de mucho dinero, tal vez deshacerse de una o dos personas que conocía. No dejaba detrás el caso de encontrar alguna muchacha bonita y averiguar todos sus secretos. Todo sin ser notado. Algo le sacudía el cerebro, como un mareo, el candil subía y bajaba su llama haciendo su sombra fantasmagórica en medio del cruce de los cuatro caminos. Como una rara casualidad del destino no pasaba nadie. O tal vez se había transportado a otra dimensión donde solo existía él, el cruce, el cadáver felino y la mortecina luz. Tal vez un poco de locura, producto de la espera y de las noches de ansiedad e insomnio esperando el momento.

Al llegar al número ciento setenta y tres sucedió algo que le hizo sentir la sangre en el corazón, luego oleadas de calor irradiaron desde su pecho hacia el resto de su cuerpo, se sentía lívido, blando, no podía creer lo que veían sus ojos, observando el último instrumento frente a él – un espejo-.

O mejor dicho, no podía creer lo que no veían sus ojos.

Charol era ahora invisible, lo que le había dicho el viejo loco nueve meses antes era cierto. El desvelo, el esfuerzo y la espera habían valido la pena. El espejo frente a él solamente reflejaba el cielo estrellado.

Charol separó el hueso de entre sus dientes y el efecto se perdió. Nuevamente apareció su imagen frente a él.

Ahora estaba todo listo. No tenía nada más que hacer. Tomó la olla, el resto de huesos, los pañuelos y los tiró a un lado del camino entre la maleza. Se colocó el hueso nuevamente y se alejó del cruce. Ahora la noche sólo escuchaba sus pasos.





lunes, julio 23

La Tercera Luna


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Cargado originalmente por mtportillos

La Tercera Luna


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Cargado originalmente por mtportillos

La Tercera Luna


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Cargado originalmente por mtportillos
Presentación en la zona 10, hubo un par de problemas, no pudimos usar audio pero al fin lo sacamos adelante

jueves, julio 19

Los amigos y Los Perros

Héctor y Antonio caminaban por la vereda conversando sobre cualquier cosa sin importancia. Cuando a un lado del camino observaron una jauría de perros, la perra estaba trabada con un macho grande aunque lleno de cicatrices. Otros perros trataban de montar a la hembra sin ningún éxito, puesto que el macho campeón ya tenía el lugar ocupado.

Esto trajo a los dos jóvenes a la siguiente conversación:

- ¿Te das cuenta? - Dijo Antonio - ¿que una vez cumplido su cometido, ninguno de los dos perros que están pegados tratan de defenderse? Si estuvieran cada cual por su lado no tardarían en defenderse a mordidas de los demás.

- Me imagino que es porque para ellos éste debe ser el momento cumbre de su vida. Multiplicarse y hacerse muchos... además deben estar disfrutándolo a lo grande, tanto que no les importa qué ocurra a su alrededor - Contestó Héctor.

- Eso quiere decir que son vulnerables - dijo Antonio.

- Sí, puede ser - fue la réplica de Héctor después de una pequeña pausa.

- Entonces - Dijo Antonio, ahorita mismo podríamos hacer con éstos animales lo que se nos ocurra, torturarlos, golpearlos, hasta podría matarlos y morirían felices.

Héctor vio un brillo sádico en los ojos de Antonio y se sintió incómodo.

Antonio por su parte proyectaba en su mente imágenes de los dos animales torturados y muertos mientras compartían la última expresión de placer animal.

viernes, julio 6

UNA TARDE TOMABA UN CAFE

Tomaba un café digo como quien no quiere la cosa (sí, ya se que es un cliché, también podría haber dicho que fumaba un cigarrillo y aspiraba el humo relajante mientras mi exhalación se envolvía en torbellinos ascendentes, pero no me gusta el tabaco y detesto el humo así que pondré mi gusto que es el café).
¿En qué estaba? Ah sí, tomaba un café como quien no quiere la cosa. Ya me había acostumbrado al ruido de los alrededores. De alguna forma acertaba casi siempre a sentarme en el mismo lugar para observar el mundo y sus alrededores; o por lo menos los alrededores del mundo que podría ver en mi campo de vista limitado por paredes y ventanas. Y disfrutaba el secreto placer de imaginarme en lugares diferentes y extraños al mismo tiempo que disfrutaba el café.
O tal vez era solo el exceso de cafeína el que me producía tal emoción.
Tomaba un americano, americano no por gringo sino porque según la historia los amargos europeos tomaban el café sin azúcar –amargo- y no fue hasta cuando vinieron a la dulce América y les enseñaron la bebida a los indígenas americanos que a ellos se les ocurrió endulzar la amarga bebida arábiga con azúcar… pero ya estoy divagando otra vez, perdonen mi manía por la divagación, mi mente se escapa a otros lugares diferentes y extraños… o tal vez sea el exceso de café.
Podría haber sido un día cualquiera, una tarde cualquiera y esa tarde cualquiera acertó a pasar frente a mí ella. La vi entrar por la puerta, afortunadamente mi puesto en el café me ponía en un ángulo tal que tenía completa libertad de verla mientras ella no me podría ver a mí.
Y luego empecé a divagar de nuevo, me vino un flashback de hace quince años más o menos, cuando la veía pasar cerca de mi casa y me sonreía, yo me quedaba parado como un estúpido y una sonrisa estúpida balbuceando un “hola” mientras mi mente incrédula no asimilaba la idea de que una mujer como ella me saludara.
No me pondré a ponderar acerca de su cabello, su piel, su rostro, sus labios, su andar decidido o su mirada pícara. No diré que era la mujer más hermosa que había visto porque cada persona tiene su propia idea de belleza. Empecemos por definir belleza, digamos que a falta de atributos físicos digamos que es un conjunto de características agradables a la vista (bueno, no puedo decir a los sentidos porque uno no puede tocar o probar algo “bello” aunque uno puede escuchar una hermosa canción).
Por lo tanto, haremos el siguiente ejercicio: cada uno pensará en el conjunto de atributos más agradables a su propia vista en una persona y eso era ella.
Sigo divagando, lo sé, pero no veo otra forma de explicarlo, más cuando tengo que explicar que quince años después esa misma persona tenía la piel pálida, los cabellos opacos, el rostro seco, la mirada inexpresiva y además caminaba despacio.
Al verla sentí un vacío en el estómago.
Deseé que no me viera, quería esconder la cara pero no había modo, la única solución era hacerme el desentendido y ver hacia otro lado mientras ella pasaba esperando que no me reconociera.
Pero fue muy tarde, volvió a ver y nuestras miradas se encontraron.
Sonrió levemente y se acercó a mi mesa.
- Hola, cuánto tiempo sin verte. – me dijo.
- Hola, lo mismo digo.
- Está ocupado el lugar? – dijo señalando la silla vacía frente a mí.
- No, siéntate, cuéntame cómo te ha ido.
- Por lo visto te ha ido mejor a ti que a mí.
- No creas, ya se me notan mis añitos, mirá, tengo ya mis canitas y mi pancita – También los años habían pasado por mí, ya asomaban varias canas en mi cabeza y mi tímida pero evidente panza era un presagio de mi gordo futuro
- Pues yo allí como me ves, tuve un accidente hace dos años y me lastimé la columna, pasé buen tiempo inmovilizada, además quedé incapacitada para tener hijos. – decía las cosas viendo hacia abajo y encogiendo los hombros, resignada.
- Cuánto lo siento.
- ¿Todavía vivís en la cuarta calle? – preguntó.
- No, mi mamá murió y luego mi papá se casó con otra señora, tuvieron sus hijos y a mí y a mi hermano nos echaron, ahora vivo solo.
- ¿Tienes esposa? ¿Novia?
- No, bueno, he tenido novias, una vez estuve a punto de casarme pero al final se echó para atrás.
- Ellas se lo pierden, pero si estás solo es porque querés, porque me imagino que no ha de faltar alguna que otra mujer que ande atrás de vos.
En ese cumplido hizo una leve sonrisa, yo solo pude pensar “lástima”.
- No creás, estoy bien así, me concentro en mi trabajo y no tengo mayor distracción, así cuando me llegue la hora voy a tener algo que ofrecer ¿no crees?
- Sí así dice uno – contestó – que quiere tener todo listo para cuando se case, quiere que todo sea perfecto, a una la crían para ser esposa, cocinar y hacer limpieza, y ahora encima hay que trabajar, uno siempre piensa las cosas de color de rosa. Mejor no perdás tu tiempo solo y casate, si estás pensando que cuando tengás las cosas materiales vas a estar listo para casarte te vas a hacer viejo y seguirás solo.
Tenía algo de razón.
- Igual uno no sabe lo que se viene – continuó. – Mirame a mí, me casé a los veinte y mi esposo tenía dieciocho. No te voy a decir que no hemos tenido nuestros buenos momentos pero últimamente todo se ha vuelto un fastidio…
- ¿No les va bien? Pregunté
- Hace poco lo secuestraron
- ¿Lo secuestraron?
- Sí
- ¿Cómo?
- Eso es lo cómico, no tenés idea la de vueltas que tuve que dar, las noches de desvelo, la angustia de no saber si estaba vivo o si iba a aparecer muerto en algún terreno; estar pendiente del teléfono todo el tiempo, la policía pendiente de uno y todos pendientes que los secuestradores no se enteraran que uno les seguía los pasos.
Luego pagar el rescate, tuve que pagar porque de cualquier manera la policía no lo logró localizar así que hubo que hacer las cosas al modo de ellos.
Pero siempre hubo que ir con la policía y hacer una reconstrucción de los hechos. Allí fue donde me enteré de dónde estaba.
- ¿Y dónde estaba?
- Con su amante.
- Oh…
Se inclinó sobre la mesa viendo al café en su taza hacer remolinos. Parecía haber contado la historia muchas veces, ahora lo decía con frialdad
- Los secuestradores tenían controlado a qué hora iba y regresaba de donde ella, los lugares adonde iban, y según yo el pobre se mataba trabajando… ella también tuvo que declarar de dónde venían saliendo cuando los tipos les atravesaron un carro enfrente y se bajaron para sacarlo a él. Ella era testigo, venían saliendo del motel.
- Cuánto lo siento. La verdad no se que decir.
- ¿Sabés qué es lo que me duele? El imaginármelos a los dos en ese lugar, en la cama y él haciendo las cosas que supuestamente eran exclusivas para mí, yo le fui fiel siempre, el fue el primer y único hombre en mi vida.
Además no era la primera vez que lo hacía, ya lo había perdonado una vez anterior. Me juró que no lo volvería a hacer, y le creí.
- ¿Y porqué no terminaste con el desde la primera vez?
- Por mi hijo ¿sabes? Yo no quería que él creciera sin un padre.
- Qué difícil.
- Yo no me preocupo por el dinero, no es que sea millonaria pero al menos tengo mi trabajo y con eso nos podemos mantener, lo que sí me detiene es pensar que mi hijo crezca sin una figura paterna, total nuestros problemas no son su culpa así que quedamos en seguir juntos por él.
Pero en fin… - cortó y cambió de tema como si nada - ¿Cómo está tu familia?
- Bien… allí andan… todos…
- ¿Sabes de qué me acuerdo? Cuando estábamos patojos y yo te miraba cada vez que regresaba de estudiar.
- Sí, y yo siempre te saludaba con cara de bobo
- ¿Te acordás que siempre te contaba que tenía una amiga que le gustabas y te mandaba saludos?
- Sí recuerdo, pero nunca me presentaste a tu amiga.
- ¿Nunca caíste que en realidad esa amiga no existía?
Eso me cayó como balde de agua fría, ella siempre me decía que tenía una amiga a la que le gustaba y nunca me la presentó, y yo siempre fui demasiado tímido para preguntar algo más.
(No, para serte honesto nunca lo pensé, aunque yo me moría por ti en ese entonces, pero ahora de verte con tantas penas y sufrimiento pienso que es mejor que las cosas se hayan quedado así, quién sabe qué nos depara el futuro, a veces las cosas pasan por alguna razón)
- Alóo, ¿Te comieron la lengua los ratones? Bueno ya terminé mi café, pero me agradó mucho conversar contigo, espero que nos sigamos viendo ¿sí? Cuídate.
Se fue caminando despacio, y yo me quedé pensando que a veces no es bueno divagar tanto.
Desde ese día no vuelvo a tomar café en ese lugar.

miércoles, julio 4

Hoy te he visto

Hoy he visto tu figura
Y no la puedo quitar
De mi cabeza, que da vueltas
Una imagen
Reveladora, si se quiere
Como no he visto otra igual

Y cuida tu caminar
Pues quisiera ser tu sombra
Para seguir el objeto
Del deseo que me acosa
Y que tortura mis noches
De delirio y locura de quererte tocar

Y si te tuviese cerca
Me tendria que aguantar
Y amarrar mi boca
Y mis manos que locas
Quisieran recorrerte hasta el final

Y mi mente que se suelta
De deseos inconfesables
¿Me los callo? Ya no se
¿Y si tú también lo quieres?
¿Y si es provocación?

Ya no aguanto esta fiebre
Que me vuelve loco y delirante
Mejor que venga la mañana
Porque se que no es correcto
Pero son mis fantasías
No las puedo controlar

Asi que ya lo sabes
Porque he sido tu dueño
Sin tu siquiera saber
Aunque nunca sea cierto
Por culpa de una foto
En mis brazos te he tenido
Y me has llenado de placer